10.4.09

La Imposición de lo Femenino: Disciplina en Faldas


En el periodo Victoriano, Inglaterra la principal potencia del mundo estaba regida por una mujer, La Reina Victoria, de donde obviamente deriva el nombre del periodo, en aquellos tiempo se popularizó una forma de castigo en el cual a los jóvenes traviesos se les disciplinaba sometiéndolos a la autoridad de la mujer, eran incluso vestidos y castigados haciéndoles llevar ropa de mujer.

Un supuesto texto clandestino fechado en 1893 nos narra el proceso de castigo de un joven al cual se le impone la disciplina femenina. El texto se conoce como "Gynecocracy: A Narrative of the Adventures and Psychological Experiences of Julian Robinson (afterwards Viscount Ladywood) Under Petticoat-Rule", De supuestamente escrito por el mismo en tres volumenes, en Paria y Rotterdam Este libro actualmente esta publicado y a la venta en Amazon por Ophir Books.

Me he permitido hacer una traducción libre de un extracto de este texto, que hasta donde se no esta disponible en español.

"Transcurrida alrededor de media hora fui liberado. Mademoisselle salio de la habitación y me quedé no sin cierta aprensión abandonado a la misericordia de su doncella.. Ella, tomándome rudamente por el brazo, me acerco a la alacena, administrándome con la otra mano unas serie de sonoras palmadas en diversas partes de mi cuerpo y expresando una curiosidad burlona acerca de cómo me había hecho aguas sobre mi mismo como una niña pequeña, y como se veía que eso me había gustado. Yo indignado traté de detener sus comentarios ¡No me vengas con tus mentiras repugnante niñito malcriado!, yo se muy bien lo que ella te hizo, debo tratar de no tocarte con las tenazas, yo se muy bien de donde vienen esas aguas, ¡no vas tu a decírmelo a mi! ¡Vamos! ¡Rápido! Al cuarto de baño, no podemos perder tiempo en tus mentiras, me ordenó Elise.



Auguste Toulmouche (1829-1890)
Rose Caron


El Baño caliente y la esponja fueron bienvenidos, era curioso estar siendo bañado por una criada, cuando ella enjabonó la esponja y la deslizo por entre mi piernas como a un bebe me retorcí y sonrojee, me sentía algo abochornado. La piel de mis nalgas estaba muy adolorida por los azotes y las patadas, Elise muy delicadamente me trato esta zona, secándome después con una toalla algo áspera y caliente. Luego me tomó y me llevo a la habitación para vestirme. Un chalequillo de seda, chemise en coeur cruzada dejándome un escote en el pecho, luego me coloco unos calzones algo por encima de mis rodilla con abundante lazo y encaje en el borde, un corset que me ajustaba mucho mas que el anterior, medias y el resto, En síntesis el vestuario de noche de una joven damisela. Hasta mi cabello fui peinado como el de una niña con una gran cinta alrededor de mi cabeza asemejando el estilo griego, aun no era lo suficientemente largo como para otro estilo.


No quiero omitir un peculiar articulo que ella añadió a mi atuendo y que me causaría particulares molestias conforme la noche se desarrollaba Alrededor de cuatro pulgadas por debajo de mi cintura colgando del corset se encontraban dos ganchos, tan pronto como me tuvo aprisionado laceándome severamente el corset, tal como si se tratase de un instrumento de tortura, tomó una pieza cuadrada de lino con bucles de cinta en sus esquinas, deslizó las cintas por los ganchos amarrándolas, colocó una servilleta de seda entre la pieza de tela y mi piel, seguidamente la llevó entre mis piernas hacia mi parte trasera, la tensó y finalizó atándola a un ojete de acero que estaba cosido al corset a mis espaldas. La pieza de tela aprisionó mis partes íntimas, constriñéndolas, y desapareciendo cualquier viril protuberancia. Esto era demasiado desagradable y terriblemente incomodo, pero todas mis protestas fueron vanas, inútiles, mis palabras no eran ni siquiera oídas. Me hizo saber que esa invención era parte imprescindible de mi atuendo, impediría cualquier indicio en la superficie de mis enaguas que pudiese atestiguar mi sexo, si ahora tenía el privilegio de vestir y lucir como una chica tenia que haber algún castigo por ser realmente un chico.


El roce de la servilleta de seda, entre mis piernas contra la suave y sensitiva piel de mis partes intimas me daba mi único consuelo, me causaba una agradable sensación que me mantenía en un permanente estado de excitación, la cual no podía desembocar, como era usual, en una erección por el dolor que este dispositivo me infringía casa vez que trataba de manifestarse.

Al fin estaba vestido, antes de bajar a los salones, y con la finalidad de darme algo de rubor, Elise, frívola y pícaramente, metió su mano derecha por la parte trasera de mi falda y fuertemente acaricio mi trasero, para luego pellizcármelo, su mano recorrió por encima de la delicada trampa donde estaba mis partes prisioneras acariciandomelas con vigor. El rubor se hizo presente en mis mejillas." (Pag. 54-55)

Auguste Toulmouche
An Afternoon Idyll


1 comentario:

rafaputita dijo...

donde puedo encontrar textos e historias en español y liobros de esta aficcion de , disciplina de enaguas

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