7.8.08

De Negro a Rosa

De Negro a Rosa
(Relato de Ficción con algo de erotismo)
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1ra Parte 06/Ago/2008
2da Parte 08/08/2008
3ra Parte 12/08/2008
4ta Parte 14/08/2008
5ta Parte 30/08/2008
6ta Parte 05/09/2008
7ma Parte 13/09/2008
8va Parte 23/09/2008
9na Parte 30/09/2008
10ma Parte 08/10/08 (Final)


(Imagen de GothicNarcissus)
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(Dejen sus comentarios, sugerencias u observaciones en torno al Relato, estan habilitados los comentarios a todos)



La tarde transcurría con hastío, me sentía como enjaulado dentro de la casa, hacia mucho calor, el verano comenzaba, todos mis amigos habían abandonado la ciudad a disfrutar las vacaciones, y yo aquí encerrado y aburrido.

Sin muchas expectativas me dirigí al cuarto de mi hermana.

-Hola Sandra, ¿Qué haces?
-Me pinto las uñas, ¿No lo ves?


Mi hermana sentada sobre la cama pintaba las uñas de sus pies de un color negro intenso que le otorgaba ese aspecto medio “dark” que ella tanto cultivaba.

-¿Y tu que haces?, me contestó, mientras me echaba una mirada de reojo.

-Nada, ¿Es que acaso hay algo que se pueda hacer solo en esta ciudad?, dejando evidente que era absolutamente frustrante pasar todas las vacaciones en la ciudad, para mi representaba una especie de castigo.

Nuestros padres habían decidido tomarse un viaje de segundas nupcias, viajando solos al extranjero y como Sandra y yo ya no éramos unos niños consideraron no habría demasiado problema en dejarnos solos por dos semanas.

-Pues vamos a ver que podemos hacer “juntos”, dijo Sandra, dándole un tono algo sarcástico a sus palabras.

-Sabes que mama me dejó a cargo, y desde ya te digo que espero te comportes como todo un “niño bueno”, dándole un tono algo extraño a sus palabras.

-Vamos, ven aquí, súbete a la cama. ¡Quítate los zapatos ¡ No pensaras subirl
os a la cama!.

Me quité los zapatos y me tumbe en la cama a su lado, el calor me estaba matando, volví mi vista al techo, todo de color rosa. Todo el cuarto era de un color rosa suave que hacia contraste con la fuerte personalidad de mi hermana.

-Sonríe hermanito, ya veras que seguro conseguimos muchas cosas que hacer.

Sandra me contemplaba cuando de pronto me tomo un pie y me dijo, ¿Quieres que te las pinte?.

Mis pies eran algo pequeños para mi estatura, más largos que anchos y siempre los llevaba totalmente aseados de acuerdo a
una estricta disciplina que mi madre nos había enseñado.

-¿Pintarme que?, le respondí

-Tus uñas chico, me contestó

Era claro que realmente no esperaba una respuesta de mi parte, ya que al volver la mirada hacia mis pies observé como ya tenia al menos dos de mis uñas pintadas.

-Quédate tranquilo, me dijo mientras terminaba su labor en el pie derecho. - Trata de no mover los “deditos” hasta que seque la pintura.

Sin contestarle volví de nuevo mi mirada al techo, definitivamente me esperaban días de incertidumbre, -Total los pies no se ven, pensé mirando de nuevo el rosa del techo, mientras casi sin darme cuenta me dejaba pintar las uñas de los pies.

-Ya esta, ¿Te gustan?, pregunto mi hermana.

Me encogí de hombros indiferente

-Si están bien, le dije

-Venga, ahora las manos, le dijo

-¿Las manos?, ¡ Pero allí se verán ¡

-Pues claro que se verán, ¿Para qué quieres pintarte las uñas?, ¿Para esconderlas?, ¿Te da pena?, hermanito, hermanito, tienes que aprender que importa mucho mas lo que tu sientas que lo que puedan pensar los demás. Además hoy día muchos chicos las llevan pintadas, es de lo mas “nota”, mira como a todas las chavas les fascina Tokio Hotel, no te apenes, además es negro no rosa, si es eso lo que te “preocupa”.

Rendido ante sus argumentos, le tendí la mano. Sandra comenzó a inspeccionarlas cuidadosamente, abrió la gaveta de su mesa de noche y comenzó a sacar toda una serie de adminículos que incluían tijeritas, espátulas, limas de uñas, algodones y una serie de botellitas de diversos líquidos.

-Como es tu “primera vez”, te sale un tratamiento intensivo, me dijo mientras me guiñaba un ojo.

Alrededor de cuarenta minutos mas tarde me encontraba con los dedos de ambas manos extendidos, mis uñas estaban completamente “arregladas” y pintadas de un negro intenso.

-No muevas demasiado las manos, ni te soples las uñas, déjalas quietas hasta que se sequen, me dijo Sandra. ¿Te gusta la forma ovalada que les dí?, a mi me parece que quedaron bellas.

Yo escuchaba a mi hermana y en ese momento, en el cual no podía usar mis manos para nada, me sentí como indefenso, cómo si la pintura que acababa de colocar en mis uñas fuese una especie de sujeción invisible que coartaba mis posibilidades de acción.

-Ahora tienes que poner cuidado como agarras las cosas, no queremos se te desconche la pintura de alguna uña. Me dijo mientras tomaba mi mano y contemplaba una vez más el resultado de su trabajo.

¿Quieres venir esta tarde conmigo a la casa de Carolina?.

Carolina era una de las mejores amigas de mi hermana, vivía en un caserón al otro lado de la ciudad con su madre, la cual era una reconocida artista de teatro.

-Mejor eso que quedarme sólo le dije.

Mi hermana saltó de la cama, meneó su larga cabellera color miel como para desentumecerse, y comenzó a vestirse. Llevaba puesto un conjunto de bragas y sujetador negros de encaje, encima de los cuales se puso un pantalón corto, short, también de color negro que dejaban ver toda la extensión de sus largas piernas, se calzó unas zapatillas estilo bailarina, muy de moda por estos días y una blusa blanca de hilo, muy apropiada para el calor de la temporada, pero que al transparentar insinuaba la delicadeza del brassierre negro que llevaba debajo.

-Venga chico, vamos, me dijo mientras tomaba su bolso y salía apresurada.

Yo rápidamente camine tras ella, de nuevo ese día sentí la sensación de estar a la merced de la voluntad de mi hermana.

Una vez en la calle, sentía que todo el mundo miraba mis uñas pintadas, trataba de bajar un poco la mirada como tratando de no ver si me veían, tratando de eludir cualquier intercambio visual que podría resultarme embarazoso. Tomamos un autobús que nos conduciría hasta nuestro destino, el calor era insoportable, sentado sentía como las gotas de sudor rodaban inquietas por mi espalda, tenia la sensación que mis glúteos comenzaban a humedecerse, esperaba que los jeans fuesen capaces de disimular esta consecuencia de mi abundante transpiración. En el trayecto me miraba con mucho disimulo las uñas, en una de esas escuche la voz de mi hermana diciendo.

-Si, ¡Te quedaron bellas las uñas!, no haces mas que admirártelas.

-Continuara….

******* Segunda Parte*******

La casa estaba situada en los suburbios, por lo que el viaje demoró unos 40 minutos, las vías estaban bastante menos congestionadas que de costumbre como es habitual en los períodos vacacionales. La entrada de la casa era amplia con una gran vereda sembrada de grama y árboles, era evidente que Carolina y su madre vivían “como querían”, sin mas límite que el de sus propios deseos.

Al tercero de nuestros llamados Carolina abrió la puerta, estaba con un bikini de color verde fosforescente que casualmente hacia juego con el vaso de limonada que llevaba en la mano.


¡ Sandra ¡, Pasa chica, ¿No estas medio muerta con el calorón que esta haciendo?, ya veo que trajiste a la criaturita de tu hermano. ¡ Huy ¡, si esta de lo mas mono hoy, se ve que el pollito se esta atreviendo a salir del cascarón.

Yo me ruborice un poco al escuchar el comentario, sin saber muy bien que contestarle me atreví a sonreírle y decir un poco a modo de disculpa –Mi hermana me dijo que viniera.

-Pero entra chica, respondió dándose vuelta, en una frase que evidentemente estaba dirigida a mi hermana.

-Yo estaba en La Pileta, en el verano cuando estoy en casa casi no salgo de allí. ¿Supongo que trajeron traje de baño?

Mire la cara de mi hermana sin atreverme a contestar nada.

-Cómo que no trajeron nada, interpretando rápidamente nuestra tardanza en contestar, pasen a la alberca mientras veo que les consigo. Supongo no serán muy exigentes

Mi hermana y yo seguimos hacia la alber
ca mientras Carolina subía apresuradamente las escaleras que conducían hacia las habitaciones principales.

Dirigí mi mirada hacia la piscina, su superficie se me parecía a un resplandeciente espejo donde el intenso sol generaba unas especies de chispas cuyo resplandor se bamboleaba al ritmo del movimiento del agua. Al lado derecho había un pequeño muro en pendiente donde el agua caía asemejando una pequeña cascada.

-Esto es bellísimo, dije a mi hermana.

-Te das cuenta hermanito, que unas vacaciones juntos no tienen por que ser “taaaaaan” aburridas. Como te dije sólo tienes que comportarte como un buen chico, no ponerte con malcriadeces y nos ira de perlas.

En ese momento regresaba Carolina con los bañadores en sus manos, a mi hermana le dio uno de una sola pieza, del mismo tono verde cítrico del que ella lucia, a pesar de ser un traje de baño enterizo por lo alto del talle, que resaltaba las largas piernas de mi hermana, y lo pronunciado del escote lo convertían en una prenda muy sexy.

-A ti lo mejor que pude encontrarte fue esto, ya sabes somos sólo dos mujeres en la casa. No es lo ideal, pero al menos hará juego con tus uñas. Dijo, entregándome lo que evidentemente era la parte inferior de un bikini de chica.

-Pero …


-¡Ay Hermanito! No le pares, total tenemos la casa entera a solas, la mama de Carolina está de gira, así que nadie mas que nosotras te vera, no le hagas.

Tomé la prenda y pasé a uno de los vestidores que rodeaban el área de la piscina. El traje de baño era de lycra negra y sus partes delanteras y traseras estaban unidas en los costados por unas especies de cadenitas plateadas metálicas, que se unían en cada costado con un pequeño broche.

Mi primera impresión fue que la prenda era demasi
ado pequeña. –No creo que esto me quede, pensé mientras lo subía por mis piernas, al tratar de colocarlo en su sitio me sorprendió la elasticidad de la prenda, en realidad cubría algo mas de lo que mis expectativas esperaban. –o esto es mas grande de lo que a primera vista parece, o mis partes son mas pequeñas de lo que pensaba, me dije sonriéndome.

De cualquier manera en la parte delantera se me hacia un bulto, lo miré detalladamente, algo en mi cabeza parecía decirme que había una incongruencia entre la prenda y mi bulto, se me antojaba esto un poco obsceno. Traté de buscarle solución, ¿Qué hacer?. Recordé que el agua fría suele reducir el tamaño de los genitales, estos de alguna manera buscan el calor del cuerpo. Fui al baño del pequeño cuarto que hacia las veces de vestidor y mojé mis genitales, al momento estos empezaron a retraerse un poco, con mi mano los empujé un poco mas dentro de mi cuerpo, intensificando de alguna manera el efecto del frío. Rápidamente coloqué la parte inferior del bikini, la cual gracias al soporte que provee su elasticidad mantuvo mis partes en la posición en la que las había colocado. Ya el “bulto” era bastante menos prominente.

Así las chicas no se ofenderán, pensé, sintiendo una mezcla de satisfacción y extraña culpa dentro de mi.

Salí, y ya mi hermana y Carolina estaban echadas en unas sillas de extensión, ambas charlaban animadamente con un vaso de limonada con abundante hielo en sus manos. Con algo de pena me aproximé a las chicas.

-¿Vistes hermanito, qué no pasó nada? No seas bobo, acércate.

-Si, hasta tiene muy buen cuerpo tu hermano, dijo Carolina a Sandra haciendo referencia a lo espigado de mi anatomía.

-A ver, date la vuelta.

Algo nervioso aun, gire para que las chicas pudiesen ver como me quedaba el bañador, era clarísimo que la parte trasera dejaba al descubierto partes de mis glúteos que rara vez habían sido expuestos al sol.

-¡Huy mira que pompis! Rosadito, las nalgas parecen los cachetitos de un bebe, escuché a Carolina decirle a mi hermana, haciéndole referencia a mis glúteos


-Sírvete algo y ven a sentarte con nosotras, me dijo Carolina.

En una pequeña mesa había un cubo con hielo granizado y una gran jarra de limonada, llene al vaso de hielo y lo llené completamente.

-Ups, ¿Qué es esto?

-Vodka con limón, Hermanito

-Je, je, je, tranquilo criaturita, que ya tienes edad para beber eso, venga acércate, siéntate aquí y déjame ver tus uñas de cerca. Dijo Carolina mientras me tomaba la mano para observarlas de cerca.

-¡Si están bellas! Me fascina la forma ovalada ¿Te las pintaste tu mismo?

-No, fue mi hermana.

-¿Si?, dijo Carolina con una pizca de ironía, mientras le guiñaba un ojo a mi hermana, guiño que mi hermana respondió con una sonrisa que interprete de cierta complicidad una sonrisa de complicidad.

-Tranquilo, aquí nadie te juzga, “ser y dejar ser” como dicen, anda échate, y disfruta del sol que estas algo pálido.

Me acosté en la silla playera a contemplar el agua de la piscina, con sus dan
zantes brillos, al fondo se escuchaba el rumor de la cascada artificial mezclándose con la conversación de Sandra y Carolina, solo escuchaba el tono de su voz sin reparar siquiera de que hablaban, supongo eran cosas de chicas, su chacharean tornabase cada vez mas melódico a medida que el líquido de mi vaso comenzaba a descender.

-Date la vuelta hermanito, escuché a Sandra decirme al oído, o te broncearas sólo un lado del cuerpo, con un letargo inmenso giré mi cuero hasta quedar totalmente de espaldas, al fondo la armonía del aire y el agua se mezclaba confusamente con una lejanas risas de las chicas.

******* Tercera Parte*******
12/Ago/2008

Lentamente abrí mis ojos, el reflejo de la luz sobre el agua ya era tenue, como un fuego que lentamente se extinguía, el sol ya estaba poniéndose.


-¡Coño! Me quedé dormido. Pensé. Mi cuerpo poco a poco trataba de retomar la conexión con mi conciencia.

-Vaya, Vaya, cómo que al fin se despierta “El Bello Durmiente”. Expresó Carolina.

Sin mucha prisa, poco a poco, como una maquina que trata de poner en funcionamiento sus enmohecidos engranajes giré sobre mi mismo, tratando de incorporarme, de sentarme sobre la silla de extensión.

¡Auch!. Exclamé al contacto de mis posaderas con la silla.

-Como no te va a doler hermanito, si lo tienes rojito como un tomate, mientras se escuchaban las risitas.

-La verdad es que dormías como un “querubín” y no quisimos despertarte, además estábamos fascinadas con tus nalgas, pasaron del rosadito, al melocotón, al rojo y siempre cubiertas de gotitas de sudor que parecían un rocío sobre una apetitosa fruta, era casi un espectáculo para la meditación mas profunda, “OMMMMMMMM”. Expresó riendo Carolina mientras se ponía en una seudo posición de meditación formando unas argollas con sus dedos índice y pulgar.

Cubrí con mis brazos mi
cuerpo como queriéndome abrazar a mi mismo. Con el sol ya derrotado por la penumbra el frescor de la noche comenzaba a hacer su aparición.

-¿Ahora tiene frío “Su Alteza”? Expresó Carolina, Venga vamos adentro de la casa a tomar una ducha y cambiarnos.

Pasé por el vestidor, tomé mis ropas y seguí a las chicas adentro de la casa, subimos las escaleras que conducían a las habitaciones principales. Entramos a una que deduje era la de Carolina, de estilo moderno, nada que ver con una decoración aniñada o excesivamente recargada, los muebles eran de líneas rectas, muy puros y sin vericuetos. Posé mi mirada sobre la cómoda o peinadora, esta era larguisima, ocupaba todo el lateral y estaba adosada a un gran espejo que cubría toda la pared , pude ver claramente como a un extremo estaba una foto de Carolina con mi hermana, se abrazaban sonrientes, tenían en la foto la sonrisa de complicidad que me parecía haber visto antes. La cama era amplia igualmente de líneas muy simple, blanca y daba la impresión de estar como suspendida en el aire. Al otro extremo unos paneles corredizos debían ser las puertas de un inmenso ar
mario. A pesar de su aspecto minimalista, casi frío, se podía deducir que era el cuarto de una chica, una chica tal vez poco usual, pero no por ello dejaba de traslucir una sobria feminidad, era lo femenino concentrado bajo las formas simples.

Yo estaba parado con mi ropa en la mano sin saber exactamente que hacer.

-Chico pon esa ropa en la cesta que esta allá, señalando una cesta de ropa que por su color blanco se me había pasado desapercibida a primera vista. Ustedes pueden usar mi baño, yo usare el de mi mama, Sandra si quieres bañate primero, mientras yo veo si consigo algo para el irritado “rabito” de tu hermanito.


Sandra entró a la sala de baño, al cruzarse con Carolina intercambiaron de nuevo miraditas, definitivamente algo se tramaban estas dos. Carolina buscó entre las gavetas de la cómoda y sacó un tarro con una especie de gelatina transparente.

-Aquí esta, con esto se te calmará un poco el ardor, es un gel ultrahidratante buenísimo, francés, lo trajo mama de su última gira, ven acá y date la vuelta, veras como seguro te alivia un poco la irritación.

Me acerque, y en este momento tomé conciencia de nuevo de lo expuesto de mi cuerpo, aun sin verla mi mente me recordó la minúscula prenda que aun llevaba puesta, que sólo llevando al máximo sus propiedades podía cubrir mis partes mas intimas.

Parado de espaldas a Carolina, sentía que mis sentidos se encontraban en alerta, al máximo de su capacidad de percepción, incluso escuché claramente el sonido de la tapa del frasco cuando Carolina la giró para abrirla.

Cerré los ojos, como esperando el momento de una inyección, en lugar del pinchazo sentí el contacto de su mano con nalga derecha mediado por el frío gel, en ese momento no pude contener una ligero estremecimiento que en el fondo era una demostración de vulnerabilidad.

-¡Huy!, cu
anto miedo, quédate tranquilo, tranquilito y veras como te sentirás mucho mejor.

La masa gelatinosa que intercedía entre mis glúteos y su mano se iba haciendo mas y mas delgada conforme era expandida, una variopinta colección de sensaciones me invadía; Por un lado mi mente inquieta imaginaba a la bellísima Carolina detrás mío tocando mis longas, mientras mi piel conocía de las caricias de su mano, una fracción de tiempo después, nunca de forma simultanea, la sensación de un frescor ártico, intenso se desarrollaba en lo que había sido el trayecto de su mano como queriendo marcar el recorrido suave de sus dedos, sentía el olor mentolado, fuerte. Aspiré profundamente como si mis pulmones fuesen capaces de capturar las múltiples sensaciones que me abrumaban.

-¿Vistes?, Sabia que te gustaría criaturita, el temor es siempre el enemigo que debes vencer para tener el placer, recuérda
lo siempre. Ahora Carolina acariciaba con sus dos manos mis glúteos, su respiración palpitaba cerca, muy cerca de mi, intuía su cuerpo sobre mi espalda. Una de sus manos desplazó hacia un lado el bañador, mientras la otra comenzó a recorrer la raja de mis glúteos de arriba hacia abajo, desde mi espina dorsal en ruta hacia mi perineo, cruzó por el orificio de mi ano sin detenerse hasta llegar a mis constreñidos testículos para acariciarlos, En ese preciso instante en que sus dedos jugueteaban con mis bolas, sentía la gélida replica del reconfortante discurrir de sus dedos unida a un escalofrío que recorría todo mi espinazo, siendo para mi ya imposible determinar la temporalidad de los sucesos.

¡Ups!, Exclamé.

Al oído Carolina susurró -Shhh, cállate tontín, no queremos que tu hermanita nos oiga, ¿o si?, Su mano ahora acariciaba lo que era mi inerte pene, el cual rápidamente comenzaba a dar indicios de pretender salir de su letargo.


-Muy pronto habrá que ocuparse también de este otro “Rabito”.

Luego de soltar la irónica frase, mordió con fuerza mi oreja, tanto que tuve que hacer esfuerzos para contener un grito de dolor, simultáneamente ella se separaba de mi.

-Voy a bañarme, espera que salga tu hermana de mi baño y te lavas bien “todito”, me desagrada el olor a cloro del agua de las albercas. Me dijó mientras dirigía una mirada pícara hacia mí.

Salió de la habitación dejándome parado en el medio del cuarto, absolutamente desconcertado, y con la confusa sensación del que no sabe que esperar después. Si algo me había quedado claro era que la amiga de mi hermana era absolutamente impredecible.

Recién ahora escuché el agua se la ducha comenzar a correr. Sandra apenas estaba iniciando su baño. El tiempo se me hizo interminable hasta que comencé a notar indicios que se preparaba a salir del baño.

Continuará….
******* Cuarta Parte*******
12/Ago/2008

Al fin el agua de la regadera caía sobre mi cuerpo desnudo, ya sin la pequeña pero opresiva pren
da que había tenido que vestir toda la tarde, me sentía libre, sereno y placido. Cerré los ojos relajándome completamente en la ducha, la imagen de las chicas riéndose divertidas se me vino a la cabeza.


Abrí los ojos. - ¿Dónde estará el jabón?, me pregunté. En ese momento recordé la advertencia final de Carolina. Dentro de la ducha al extremo opuesto de la regadera había un estante repleto de envases de variopintos colores y tamaños, obviamente eran productos destinados al aseo personal. ¿Cuál de todos estos serán jabón?, revise las etiquetas de los frascos, todas escritas en lenguajes extranjeros, en una de ellas leí “Gel Douche Onctueux J'adore”, evidentemente era un producto para la “ducha”. Sin mucha seguridad en mi elección vertí un poco del producto en mi manos, frotándolas una contra la otra con la intención de hacer espuma con escasos resultados, volví mi vista al estante de nuevo y divise una gran esponja rosa, eso tal vez ayudaría, Esta vez eche el gel de forma bastante generosa, al comenzar a frotarme el cuerpo con la esponja surgió sobre mi cuerpo la abundante espuma y un fuerte olor a flores comenzó a cubrir mi piel.

(Imagen modificada. La original Obra de YUNI, Puede encontrase en http://yuni.deviantart.com/art/The-Unclean-95933041)

Mientras enjabonaba mi cuerpo pude ver las marcas del bronceado sobre mi cuerpo, era como una evidencia corpórea del uso de la prenda femenina sobre mi anatomía, era algo de lo que no podía disponer echándolo al cesto de la ropa usada, escarpia allí por un tiempo mas prolongado evocándome el recuerdo de esta tarde.


Luego de un buen rato, cerré la regadera, comencé a buscar una toalla, como a un metro de distancia había una toalla rosa que lucia como usada por mi hermana, traté de tomarla sin salir de la ducha, no quería hacer un reguero de agua en el piso del baño, estirando al máximo mi brazo logre alcanzarla con la punta de los dedos. Solo después de sacarme fue que me hice la pregunta -¿Dónde Esta mi ropa?. Recordé entonces haberla puesto en la canasta de ropa del cuarto, si las chicas no estaban en la habitación podría salir y tomarla. Me acerque a la puerta, la entreabrí y oí claramente la cháchara y las risas.


¿Qué me pondré? Podía salir cubierto sólo por la toalla, pero sospechaba que eso me colocaría en una situación de vulnerabilidad que me aterraba.

Abrí un poco mas la puerta -¡Sandra!, M ropa, ¿Qué me pongo?

Escuché de inmediato las risas de las chicas.

-Espera ya te pasamos algo. Contestó mi hermana.

En instantes la puerta se entreabrió un poco mas, el espacio justo para que pudiese penetrar la mano de Carolina sujetando una prenda de color champaña.

–Ponte esto por ahora,

-¿Qué es esto?, No son mis ropas

-Tus ropas las eché en la lavadora, no seas tonto es sólo un pantaloncillo, un short, es igualito a los que usas para jugar fútbol. Dijo Carolina desde el otro lado de la puerta.

Examiné el short, ya de por si el color nacarado no era muy varonil, pero lo que más femenino lo hacia era el material del que estaba hecho, sin ser un conocedor de telas supuse se trataba de una especie de seda o satén, géneros que como se sabe están vedados al contacto directo con la piel de los varones.

-Ningún futbolista se pondría esto. Me dije.

Resignado a mi suerte, me coloque el delicado pantaloncillo y salí a la habitación.

Estaban ambas acostadas en la cama, ambas enfundadas en un kimono oriental de de seda negra decorado con bordados de minúsculas flores, dirigían su mirada a la puerta del baño, obviamente esperaban mi aparición.

-¿Te das cuenta hermanito?, es sólo un pantaloncillo, a veces creo que dentro de ti tienes el alma de un viejo que no te deja vivir. Libérate.

-Con tan bellas piernas que tienes deberías procurar mostrarlas mas a menudo, te sorprenderías las cosas que pudieras obtener de ellas criaturita. Pero no puedes quedarte allí con el torso descubierto. Dijo Carolina.

-¿Le vas a dar la camisola que le hace juego? Contrapunteo riendo mi hermana.

-Yo no… Comencé a decir cuando fui interrumpido por Carolina

-No chica, no seas tan mala, creo que se sentirá mas cómodo con una simple camiseta. ¿Negra estaría bien? Me preguntó Carolina.

-Si, Gracias, negra estaría muy bien, algo simple. Conteniendo un suspiro de alivio.

Carolina abrió una de las gavetas de su armario y sacó la que al parecer era la primera camiseta a su alcance.

-Toma lindura, ponte esta. Me dijo arrojándomela.

Era una simple franela negra de algodón, no fue hasta después de ponérmela que me percaté que sobre el pecho, asemejando una especie de grafitti, se leía claramente “Girl Power” en unas manuscritas letras fucsia. Pensé hacer algún comentario acerca de la inscripción, pero luego de pensármelo preferí abstenerme por miedo a que fuese peor el recambio.

Afuera la noche ya había tomado posesión del entorno.

-¿No estarán pensando en irse?, Sandra mi amor, llama a tu familia y le dices que estas en mi casa y que se quedarán a dormir.

Sandra debía llamar diariamente a nuestros padres a modo de “reportarse”, yo no albergaba ninguna duda de la respuesta afirmativa de ellos, les fascinaba la cercana amistad de Sandra con la hija de una conocida artista, creo que pensaban que de una u otra forma esto le abriría algunas buenas oportunidades a su hija.

-¡Listo!, no hay problema, nos quedamos. Expresó Sandra con una sonrisa en la boca al colgar el teléfono.

En la cara de Carolina se iluminó dibujándose una sonrisa, se acercó y dio un rápido beso en la boca a mi hermana. No fue un beso como los de los novios con la lengua, ¿Cómo es que le dicen? Beso francés, creo. Fue un simple beso, como el que se dan las amigas, pero fue en la boca. ¿Por qué en la boca? ¿Será que las chamas cuando se sienten a solas se expresan así?. En mi poca experiencia no me atrevía a sacar ninguna conclusión, este era un mundo desconocido para mi. Definitivamente no terminaba de entender la relación entre ellas.

-Esta noche vemos una “peli”, acostadas divinas en el “home teather” que tiene mi madre en su habitación. Seria bueno unas palomitas de maíz para sentirnos como en el cine.

-Baja, en la cocina encontraras de las que se hacen en el microondas, nosotras te esperamos en el cuarto de mi mami. Me dijo Carolina.

Al bajar las escaleras descubrí la inédita sensación del roce del satén del pantaloncillo contra mi miembro, la sedosa prenda, mas que hacer contacto con mi piel, se deslizaba por mi epidermis como una continua caricia a cada paso que daba, recordé las manos de Carolina sobre mi “rabito” como ella lo llamó.

Traté de apartar mis pensamientos de aquello, sin nada mas que cubriera mis partes, la evidencia de una erección delante de las chicas seria demasiado embarazosa.

Cuando llegue con los tres paquetes de cotufas ya las chicas estaban echadas sobre la inmensa cama de la madre de Carolina, reían muy divertidas, el humo y el olor a yerba quemada me hizo comprender rápidamente en que estaban.

-¡Llegaron las palomitas!, ven acá, súbete a la cama con nosotras.

Me eché en un lado de la cama, mientras Carolina me acercaba el porro –Vamos, dale unas pataditas, te pondrá divino. Nunca me había atrevido a probar la mariguana pero no quería quedar como un débil delante de las chicas.

Aspiré, ¡Coff!, ¡Coff!, De inmediato me sobrevino la tos. Sandra y Carolina me observaban privadas de la risa mientras observaban mis esfuerzos por recobrar la respiración.

-¡Huy!, Que delicadito que resulta tu hermanito.

Como tratando de desmentir sus palabras, lo aspiré de nuevo, esta vez sentí como el humo penetró hasta lo mas profundo de mis pulmones, ascendiendo nuevo lentamente para salir de mi cuerpo por la boca, lentamente puede admirar el zigzagueo que formaba al ascender hasta el techo.

-Caro, pon la película dijo mi hermana,

No sé si era ya el efecto del monte, pero al verlas a las dos tan juntas, casi idénticas, ataviadas en sus batas de seda sobre la cama, pensé que era una imagen de lo mas insinuante.

Carolina accionó el control remoto para dar inicio a la película que veríamos, en las cincuentas pulgadas del plasma comenzó a aparecer “Las Edades de Lulú”, una historia en torno a una singular relación y al aprendizaje erótico de una adolescente española.

Al mas mínimo movimiento de mi cuerpo, sentía deslizar el satén sobre mi cuerpo, la sensibilidad corporal parecía haberse multiplicado como efecto de la chupada, las imágenes de la película, algunas cargadas de sensualidad, otras muy fuertes para lo que estaba acostumbrado a ver, me impactaban.

Absorto a lo que veía en la pantalla, casi ni escuché un cuchicheo de mi hermana al oído de Carolina.

-¡Huy! Se le salio el rabito!!!!!!. Dijo Carolina, y la carcajada de ambas chavas fue sonora cuando contemplaron por un lado del pantaloncillo a la cabeza de mi ahora muy despierto miembro comenzando a aparecer.

-Habrá que hacer algo Carola, ¿Le buscamos una de tus bragas para que se controle?. Miré a mi hermana estupefacto por la sugerencia que acababa de hacer.

La risa de las chicas desestimuló rápidamente a mi miembro viril, qué de nuevo buscó resguardo dentro del pantaloncillo de satén.

-No creo que haga falta, mira que ya el solito se escondió, respondió Carolina a la sugerencia de mi hermana. En cualquier caso, tal vez mas tarde me ocupe de “eso”, añadió mientras me guiñaba un ojo.

La sentencia de Carolina me revoloteó en la cabeza desde ese momento, ¿De que forma se iba a “ocupar” Carolina de mi?, Si no hubiera sido por la “picada de ojo” pensaría que sólo era una broma mas. ¿Qué debía hacer yo?, si le insinuaba algo tal vez ella lo tomaría a mal y se formaría un lío. Opté por esperar a pesar de que la inquietud ya no me dejó concentrarme demasiado en la película.

Al terminar la película. Volví mi vista al lado y observé a mi hermana y Carolina ya dormidas, estaban abrazadas y con una expresión de felicidad en su rostro.

-Ni modo. Pensé. Toda mi fantasía había sido sólo eso una ilusión, un deseo de que pasara algo que no iba a pasar. Me volví de lado disponiéndome a dormir, no tardó mucho tiempo en llegar el sopor, dormí, soñaba con las chicas a mi lado, acariciándose y besándose mientras yo desde un sitio indeterminado las observaba curioso, ambas risueñas, traviesas y despreocupadas como si de un juego se tratara. Vino a mi sueño de una forma vívida, casi real la sensación del satén sobre mi cuerpo, recordé de nuevo la mano de Carolina tocando mi pene, acariciando mis testículos, recorriendo mis glúteos. Esta sensación se hizo mas y mas real, aparecía como tratando de salir de la bruma del sueño.

Sin saber exactamente cuando comprendí que en ese momento no estaba dormido, Carolina acariciaba mis nalgas introduciendo su mano por debajo del pantaloncillo. –No digas ni una sola palabra.- Susurró a mi oido. ya su otra mano se encargaba de mi pene, comenzó acariciando mis testículos para luego recorrer con sus dedos toda la extensión del tronco de mi polla, al llegar al extremo tomó mi prepucio con su índice y pulgar y lo deslizó lentamente hacia abajo, lo retuvo por un momento en esa posición para luego soltarlo permitiéndole el retorno. Suavemente todos sus dedos rodearon mi pene, comenzó la lenta y suave marcha, arriba y abajo, poco a poco, lentamente sus manos masturbaban mi pene. –Se lo que te gusta, y soy una chica que siempre cumple lo que dice- Me dijo de nuevo en susurros. Su otra mano continuaba acariciando mi nalgas ahora con mas fuerza, contrastaba la energía que Carolina destinaba a mi parte posterior con la delicadeza y suavidad con que trataba mi órgano genital.

Sentía que explotaba, toda la ansiedad contenida parecía drenarse en un instante, estaba en la cama absolutamente entregado a los deseos de Carolina, en ese momento sentía que le pertenecía. Como si supiera exactamente el momento de mi explosión Carolina acercó su mano a mi glande para con su mano recoger todo mi semen, justo en el momento de la eyaculación, otra sensación se hizo presente, uno de sus dedos se hundió en las profundidades de mi ano, mientras mi polla expulsaba toda su carga el dedo de Carolina travieso hurgaba las profundidades de mi cuerpo.

-Así, así, muy bien, dámelo todo, que divino eres, como te gusta, lo sabia. – Decía a mi oido mientras yo ya estaba entregado al placer que me producía. Acercó uno de sus dedos a mi boca, deposito con el sobre mis labios una gota de mi propio semen, en un movimiento casi instintivo, involuntario, mi lengua salio a testear el sabor de la sustancia depositada. Sin dar mucho tiempo a mi conciencia para recobrar el dominio de mis actos, Carolina introdujo un dedo lleno de semen en mi boca. –Chúpalo, Déjamelo limpiecito.

¿Te gustó? Sé que sí, y eso que apenas estamos empezando. Me dijó mientras se dió la vuelta para dormir.

******* Quinta Parte*******
12/Ago/2008



Desperté, al estirar perezosamente mi cuerpo pude darme cuenta que estaba solo en la inmensa cama. De inmediato una pregunta se instalo en mi mente, ¿Se habría dado cuenta mi hermana de lo que me hizo Carolina? Si se dio cuenta … ¿Cómo lo tomaría? Las dudas revoloteaban mi mente al punto que hubiese preferido no tener que verla esta mañana. Una vez mas la realidad de la situación se impuso y bajé hacia la cocina, allí estaban Carolina y Sandra charlando, al verme se hizo un instante de silencio.

–Lo sabe, Pensé. Me pareció que portaba una especie de letrero invisible que notificaba a todo el que me viera que mi ano había sido profanado, si, profanado aunque hubiese sido hecho con algo tan delicado como el dedo de Carolina. Entré a la cocina bajando mi mirada.

-¿Cómo que te despertastes de malas pulgas? ¡Qué ni los buenos días nos das!, fue el recibimiento de mi hermana..

-Déjalo quieto, debe ser el “pasón” de la yerba, ven siéntate a desayunar, dijo Carolina colocando un plato con variadas frutas en la mesa.

-Disculpen, es que aun estoy medio dormido, levanté la vista para tomar el vaso de jugo de naranja sin atreverme todavía a mirar directamente a las chicas.

-Come algo, eso te ayudará a “cortar la depre”. ¡Ah!, después lavas la loza, dijo Carolina mientras salía de la cocina con Sandra.

Yo me quedé allí, solo, recogí los platos, vasos y cubiertos utilizados por las chicas y por mi, mientras los fregaba recordé el placer que sentí cuando Carolina me hizo eyacular. Me dije a mi mismo –No todo es tan malo. El ánimo comenzaba a entrar a mi cuerpo. Coloqué la loza cuidadosamente en los armarios y eché una última mirada constatando no se me hubiese escapado algo. Todo lucia en su sitio. Salí.

Las chicas estaban en el salón, ya Sandra se había vestido, mientras Carolina tenia puesto de nuevo el kimono oriental.

-Sube a cambiarte, me dijo mi hermana. Extendió sus manos para entregarme mi ropa perfectamente lavada.

Subí a vestirme en el cuarto de Carolina, al ponerme la ropa note un aroma sutil, no habitual en ellas, seguramente se trataba del detergente que utilizaron. Me embargaba ahora una especie de tristeza, todo hacia pensar que ya íbamos de retorno a casa, otra vez el hastío. La verdad a pesar de todo había disfrutado mucho la estancia donde la amiga de mi hermana.

Bajando las escaleras me tope con Carolina.

-¡Huy! ¡Que carita cargas!, ¿Hicistes algo malo? ¿O estás arrepentido?

-No, no es eso, es que … Comencé a decir cuando Carolina de repente besó mi boca. Era el mismo tipo de beso que le había visto darle a mi hermana, en la boca, sin lengua, sólo el suave contacto de nuestros labios, era mas una ambigua caricia que un beso.

-No seas tonto, ándate tranquilo, yo te llamo. Me dijo antes de proseguir ascendiendo rauda las escaleras.

Abajo mi hermana esperaba.

-¿Ya estas listo?, vamos a esperar que Carolina baje, fue a buscarme algo.

Al bajar Carolina entrego a mi hermana un pequeño paquete y se despidió de ella con otro besito en la boca. –Yo te llamo mi amor. Le dijo.

Salimos rumbo a la casa, el sol se encontraba en el punto mas alto.

La tarde transcurrió lenta, aletargada, traté de distraerme con lo videojuegos, pero una y otra vez el recuerdo de las manos de Carolina sobre mi piel retomaba mi mente impidiéndome la concentración. Ni siquiera tenía mucha hambre, cenamos un sándwich, o bocadillo de pechuga de pavo y pan integral. Mi hermana estaba con diario, por lo que sabia que en esos momentos no debía importunarla mucho, ella se ensimismaba escribiendo. Estábamos terminando de cenar cuando el teléfono sonó.

-Alo, ¡Carola!, hola

-Si, Chama

-Por aquí

-Espera subo para hablar del cuarto.

Mi hermana corrió a atender la llamada desde su cuarto, ya no podría escuchar la conversación, me quedé en la sala como expectante, quería hablar con Carolina, ella había prometido llamarme y ahora mi hermana estaba en su habitación hablando con ella. Sin darme mucha cuenta, de forma algo impaciente, comencé a descascarar la pintura que aún llevaba en las uñas con mis dientes, luego, al hacerlo mas consciente, tomé una de las llaves de la casa para frotar la capa de barniz, logrando raspar la pintura. En ese momento ya no sabía si era impaciencia o algo de enojo y frustración lo que estaba sintiendo.

Al salir mi hermana de su habitación ya tenía una de mis manos casi libre de pintura.

-¡Qué haces¡ Eso no se hace así, te estas destrozando las uñas. En un instante ya estaba sentada a mi lado con un algodón impregnado de removedor de esmalte.

-Así, hermanito, ¿Ves?, así no se daña la uña y conserva su forma, esta fórmula hasta tiene un ingrediente que las fortalece, puedes pedírmela cuando quieras, o comprarte un envase para ti, fíjate que sea el de la tapa rosa, la otra no tiene endurecedor.

Mientras mi hermana me “aconsejaba” sobre el cuidado de mis uñas, yo sólo pensaba en la llamada de Carolina ¿Por qué no hablo conmigo?.

-¿Te las vuelvo a pintar?, me preguntó

-¿Fue Carolina la que te llamó? ¿Por qué no me la pasastes? Le pregunte dejando relucir a mi pesar algo del estado emocional que me envolvía.

-¡Claro que era Carolina!, no te hagas el pendejto, lo sabes perfectamente, me escuchastes cuando contesté el teléfono, no te la pasé simplemente porque ella no me dijo que quería hablar contigo. ¿O es que ahora la “amiga” de Carolina eres tu?.

En la respuesta de mi hermana no había indicios de enojo o celos, era una respuesta casi con indiferencia hacia mi, eso hacia aun mas brutal su efecto.

-Creo que no me las voy a pintar, contesté a su interrogante inicial, con un sentimiento de derrota subí a mi habitación.

La frustración por no haber hablado con Carolina me impidió dormirme rápidamente, cuando este sentimiento se convirtió en la nítido recuerdo de cómo sus manos suave y lentamente masturbaron mi pene, comprendí que estaba ya dormido. Podía casi sentir su respiración en mi oido, sus susurros para evitar que mi hermana con la que compartíamos la cama se enterase, ese clima que convirtió esa experiencia en algo medio oculto, vedado, era una mezcla se sorpresa, miedo y placer que se generaba en mi en ese momento, mi sueño recordaba lo que había sido la vivencia mas excitante de las mi disfrutadas. La evocación del mordisco en la oreja y la rápida inserción de su dedo en mi ano en el momento de mayor éxtasis, se sacó del mundo onírico devolviéndome a la vigilia. ¿Era placer lo que sentía?, ¿Es culpa lo que siento?. En mi interior se agitaban los miedos, nunca había podido imaginar que una chica pudiese generar en mi esta mezcla de temores y placeres, era algo totalmente inédito para mi.

Cuando mi hermana despertó, yo ya tenía el desayuno preparado: café, frutas y yogurt.

-Que tempranero, hermanito. ¿Cómo que no dormistes bien? ¿Alguna preocupación?

-Es sólo que anoche me acosté temprano, le respondí fingiendo una sonrisa.

Me eche en el sillón con el Playstation, tratando de transportar mi mente a otro universo de significación, de amputarme la conciencia. Puntos, decenas, miles, millones de ellos, transcurrieron en mis andanzas digitales. Nada conseguía apartar mi mente del recuerdo. ¡Ping!, ¡bling!, chis! Eran ya las cuatro de la tarde y no había ni almorzado.

-¡Ring!, ¡Ring!, y la voz de mi hermana como apareciendo de no se sabe donde, contestó el teléfono

-¡Hola Carola!


-Si

-Claro

-Jejeje

-Genial

-Ya te lo paso.

-Es Carolina, quiere hablar contigo.

-Aló, dije tomando el articular.

-Hola criaturita linda, ¿Cómo has estado?, mira quiero que tu y tu hermana se vengan, esta noche toca un grupo de lo mas guai en un local cercano y vamos a verlo, ¿Ok?

-Claro Carolina, como tu quieras, Contesté.

-Hala, entonces vístete y arréglate, esta noche tenemos diversión, me dijo con un tono que no hacia demasiado esfuerzo por encubrir un doble sentido.

Cuando colgué el teléfono ya mi hermana estaba en el baño, era evidente que ella estaba al tanto de los planes de Carolina.

Al comenzar a vestirme sentí la incomodidad de no saber exactamente adonde iríamos, “Un grupo en un local cercano”, podía ser casi cualquier cosa, en esa zona seguramente no seria un tugurio, además Carolina era una chica de una familia de abundantes recursos económicos. Deduje no debía ir como un mamarracho.

Me puse mi mejor pantalón, de gabardina negro con pinzas delanteras que lograban una caída cómoda y holgada, una camisa de vestir de color gris plomizo y zapatos de suela negros. Si bien por mi edad no tenia un aspecto de galán de telenovelas, me veía bien formal, sin importar cuan elegante fuese el sitio donde iríamos, creía no desentonar.

Al verme, Sandra dejó escapar una leve risa, la cual en ese momento fue malinterpretada por mi.

-¡Que elegancia hermanito!, ni que fueses a ver a tu enamorada.

El comentario logró enrojecer mi rostro, de nuevo me sentí sin respuestas, indefenso.

Mi hermana, llevaba puesto un vestido negro, la falda era corta con mucho vuelo, logrado a partir de varias capas de blonda que se sobreponían, el corpiño ajustado con un reborde en encaje en su parte superior y trenzado en la parte de atrás asemejando un corset, medias de malla negra y una botas que le conferían un aspecto medio punk. En su cuello llevaba atada, a modo de collar, una tira de encaje negra de la que colgaba un camafeo, su cartera negra, colgaba de una correa que en realidad era una cadena plateada que resaltaba en la oscuridad de su look.

Al abrirse la puerta de la casa de Carolina, la exclamación no se hizo esperar.
¡Huy! ¡Adonde crees tu que vas!, Evidentemente me había equivocado en la escogencia de mi vestuario.

-Así no puedes venir con nosotras, sui parece fueras a una primera comunión, o un bautizo, te vez demasiado capocho.

No sabia que decir, ofrecí ir a la casa de nuevo a cambiarme.

-No hay tiempo para ello, tardarías mucho más de una hora y dentro de poco viene Luis a buscarnos, si quieres venir con nostras tendremos que conseguir algo que ponerte, pero rápido.

-¿Luis? ¿Quién coño es Luis?, pensé

Los tres, Carolina, mi hermana y yo subimos a la habitación de Carolina.




-Creo que lo mejor será buscar un jeans, ve quitándote ese pantalón. Mientras Carolina escudriñaba en su closet en busca de algo, yo a la pena por el equivoco de mi vestuario le iba a sumar la de quedarme en boxer frente a las chicas.

-A ver como va este, dándome un jeans de color negro, “strech” de esos que por el material elástico con el cual están hechos se entallan al cuerpo, las piernas eran tipo pitillo, lo que realza aun mas la figura. El talle era bajo por debajo de la cintura. Obviamente a pesar de ser un jeans era un pantalón de chica.

-¡Huy!, pero tenemos otro problemita, no te puedes poner esos jeans sobre un boxer, se verá horrible .se te harán arrugas en la tela. Tendremos que buscar algo.

Carolina había tomado por completo el control de la situación y no me atreví a interrumpirla, mis mayores temores se hicieron realidad cuando saco de una de las gavetas una pantaleta de color negra, de lycra, afortunadamente era lisa, sin ningún encaje, como las que utilizan las deportistas.

-Toma ponte estas, casi no se te notaran.

-¿!Aquí!?, ¿Me voy a desnudar aquí?, dije ya demasiado embarazado por la situación

-Claro que aquí, no voy a ver nada que no haya tocado, y supongo que Sandra te lo ha visto muchas veces. No nos hagas perder mas tiempo que estamos apuradas.

La frase de Carolina terminó de vencer toda posible resistencia de mi parte, quede allí expuesto ante mi hermana y ella. En el momento en que quedé desnudo, Carolina admirando mi cuerpo por todas partes dijo –¿No tienes ningún tatuaje?, adonde vamos hay un excelente tatuador, tal vez esta noche te regalaré uno.

Mientras tanto yo rápidamente me subía las bragas para tratar de cubrir la desnudez que acrecentaba mi fragilidad ante las chicas.

-Estas son tus primeras panties, criaturita.

Yo me sonrojé de nuevo.

-Eso es, arréglate el pene como cuando tenias la bañador, estará mas confortable así, deja te ayudo. Carolina tomo mis bolas y suavemente las colocó dentro de mi cuerpo, en las cavidades originarias de donde descienden en la infancia. Seguidamente llevó el pene hacia atrás, hacia el ano, de esa forma el mismo pene impedía el descenso de los testículos. Al colocar las bragas de licra, el elástico material del que estaban hechas permitía mantener los órganos en esa posición. Mi bulto delantero se volvió como efecto de la técnica usada por Carolina en algo casi imperceptible.

Subí lo jeans sobre mis piernas, efectivamente el talle era bajo, dejaban al descubierto bastante por debajo de mi ombligo. Carolina dio vueltas en torno a mi, como evaluando mi aspecto, sonrió levemente al ver las líneas que en el ajustado pantalón dejaban las panties sobre mis glúteos.

-Se te ven divinos, a ver ponte esta franela, dijo arrojándome una prenda de algodón negra, la franela me quedaba ajustada, sus mangas eran mas cortas y cortadas en un ángulo más pronunciado que la de los chicos, no obstante no tenia ningún tipo de encaje o estampado que le hicieran exageradamente femenina. Al colocármela me di cuenta que quedaba algo corta en mi cintura. Lo que ocasionaba que al hacer ciertos movimientos o sentarme, ciertas partes de mi anatomía quedasen al descubierto. Sandra ya había escogido un cinturón de cadenas plateadas, similares a la correa de su cartera para que me colocara encima del pantalón, al cerrar las cadenas estas quedaban ligeramente ladeadas hacia un lado de mis caderas.

-Los zapatos, ¡Qué zapatos le ponemos?, preguntó mi hermana.

-Por ahora se salva de usar tacones, dijo Carolina mientras sacaba del closet unas zapatillas converse, de forma bastante unisex, no obstante tener un estampado en la tela con algunas flores y detalles en rosa.

-Esto es lo más unisex que tengo, así que ni modo, si quieres venir no te queda otra.

Me senté en la silla de la peinadora, a colocarme los zapatos, al inclinarme sentí como Carolina jaló la parte de atrás de las pantaletas, que dado lo bajo de la cintura del pantalón y lo corto de la franela quedaban al descubierto.

-¡Huy que sexy!, dijo mientras me daba el tirón.
Antes de poder reaccionar, ya sus labios se juntaron con los mios, dándome otro de sus besos. En el espejo se reflejo la imagen de mi enrama con una sonrisa en su rostro.

-A ver un poquito de maquillaje y estamos listos. Levanta la cara, dijo mientras ya tenía en su mano un lápiz de color negro.

-¿Maquillaje?, Pregunté

-Es sólo delineador de ojos tontín, todos los chavales lo usan, ¿Y tus uñas? ¿Por qué te quitastes la pintura?, Sandra querida ve arreglándoselas mientras yo lo maquillo. Pintura negra no hay pero ponle ese violeta oscuro que igual se le verá bien.

Allí estaba yo, sentado y a la disposición de las dos chicas, no tenia otra opción que dejarlas hacer.

-A ver mira para arriba, ahora el otro, ya esta, te das cuenta que no dolió, jejeje.
Con una pequeña bocha comenzó a aplicar matraca en mis pestañas, las rizaba hacia arriba dándole mayor volumen, mis ojos se habían transformado en el centro de mi cara, al verme en el espejo, resaltaban.

-El último besito por ahora, me dijo Carolina. Mientras levemente acarició mi boca con sus labios. Te voy a poner brillo labial y no quiero que se te caiga.


-Así, ahora frota tus labios, muy bien, ya estas, ahora si te ves como para salir con nosotras. Veras que nos divertiremos mucho, esta noche será inolvidable.

¡Ring!, ¡Ring!, el timbre de la puerta sonaba, debía ser el tal “Luis”

Continuará

Fotografía de:
Venusinourblood
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******* Sexta Parte*******
05/Sep/2008

-Hola Luis, ya estamos listas, dijo Carolina con la denotada intención de no dejarlo entrar y salir de inmediato.

-¡Qué apuro que cargan!, ¿Quién es “ese”?.

-No seas tan antipático, es el hermano de Sandra, se viene con nosotras. ¿No es lindo?

-Mmhhmm. Murmuró Luis, con evidente recelo a calificar a un chico como “lindo”.

Luis era unos cinco años y diez centímetros mayor que yo, de contextura atlética, sin llegar a ser eso que llaman “corpulento”, de su rostro lo que mas llamaba la atención eran sus ojos negros, negrísimos, oscuros, impenetrables, con una mirada escrutadora, que era acompañada con un piercing en su ceja derecha.

-¡Hala!, ¡Vámonos! Dijo Carolina abriendo la puerta delantera del auto.

Sentado en la parte posterior del coche con mi hermana no dejaba de observar hacia la parte delantera tratando de encontrar algún indicio del tipo de relación que unía a Carolina con Luis. En una de esas ocasiones fui interceptado por su mirada en el espejo del retrovisor, sonrió divertida y me hizo un guiño de ojos.

Luego de unos 15 minutos llegamos a nuestro destino, una especie de galpón industrial, a sus afueras se agolpaba la gente para escuchar la música que brotaba de su interior, y una larga hilera de gente esperaba por entrar. Seguimos a Carolina directamente a la puerta de entrada, ella pasó altiva saludando al portero.

-Venimos juntos los cuatro, fue todo lo que dijo para que de inmediato la puerta se abriera para nosotros.

Una vez adentro una muchedumbre bailaba en una inmensa pista, a sus costados una buena cantidad de mesas, sofás, poltronas y sillas conformaban variados espacios para sentarse a charlar, en la parte superior del galpón había un semipiso con algunos pequeños locales.

Nos sentamos en una mesa, a mi lado tenia a Carolina, al otro lado estaban Luis y mi hermana, yo miraba deslumbrado todo el ambiente, parecía algo sacado de alguna película de ciencia ficción apocalíptica, era una ambientación muy tecno.

-¿Te gusta criaturita?, sin esperar respuesta, como si la misma no importara mucho por lo obvia Carolina se dirigió a mi hermana –Tu hermanito esta deslumbrado, como que estas vacaciones van a ser todo un aprendizaje para el.

Mi hermana rió traviesa, -bueno ya es hora que vaya aprendiendo algunas cosas.

-¿ y qué cosas crees tu que debe aprender tu hermanito?, mientras decía esto, Carolina tomaba mi mano por debajo del mantel de la mesa, antes de poder sorprenderme por esta acción sentí la mirada de ella directa a mis ojos.

-¿Te gustan mis ojos muchachito?, míralos bien, si no pierdes detalle de ellos veras como cambian de colores. Dijo con pretendida ironía. Mientras tanto fue guiando mi mano por debajo de la mesa, sentí como ambas manos, la suya, la mía, entrábamos por debajo de su falda. Ni siquiera cuando descubrí la ausencia de bragas me atreví a hacer algún gesto que pudiese develar la acción que transcurría por debajo de la mesa, subterránea, ajena al conocimiento de los demás. Mi mano y mis dedos eran sutilmente
tutelados por las ordenes de su propia mano, mis dedos comenzaron a acariciar la desnuda vulva, desnuda hasta el extremo de carecer en lo absoluto de vellos.

-¿No te das cuenta?, comenzaron a cambiar de colores, fíjate como brillan, dijo en alta voz, provocando la risa de todos.

En ese momento bajé la mirada, sin interrumpir el discurrir del contacto con lo mas intimo de la epidermis de Carolina, poco a poco sentí como mis dedos resbalaban con mas y mas facilidad, las secreciones y la humedad se hizo presente. Bajo su guía concentré mi actividad en la parte superior de su vagina, mis yemas acariciaban entre los pliegues de la piel de esa zona. Carolina seguía aparentemente impávida conversando alegremente con Sandra y Luis.

-Deja que te muestro la disco, ¡Vamos!. Me dijo de forma inesperada. De inmediato nos paramos, en ese momento la seguiría hasta el mismisimo infierno, la expectativa de proseguir y profundizar las veladas caricias era un incentivo poderosisimo.

La seguí, subimos por la escaleras de metal, hacia el nivel superior, desde allí podia divisarse el ambiente entero del ambiente. La gente abajo bailaba frenética mientras nosotros, allí arriba, parecíamos unas especies aves de rapiña observándolos para escoger la mejor presa. Aun no sabia adonde me llevaba Carolina.

-Te prometí un regalo, ¿Recuerdas?. Entramos a un pequeño local de tatuajes y piercing.

-¡Hola!, quiero hacerle un tatuaje a esta criaturita., sin darme tiempo siquiera a manifestar la mas pequeña duda.

-Date la vuelta, indicándome que debía darle la espalda al tatuador. Acercándoseme por la espalda me susurró al oido, -No temas no te dolerá mucho. Mientras jalaba un poco la liga de la pantaleta por detrás, tanto para recordarme que estaba vistiendo bragas, como para hacérselo evidente a quien tendría la tarea de marcar mi piel.

Dibujando algo en un papel dijo, –Quiero que le tatues esto atrás, abajo en la rabadilla.

-¡Pero!

-Shhhhh, tu verás te va a gustar mucho, confia en mi, susurró de nuevo en mi oreja, tomando mi mano de la misma forma como lo había hecho momentos antes y reactivando el recuerdo del contacto con su húmeda vulva.

-Buena se la vas a poner, fue el comentario del artista.

-Tu tranquilo. Me dijo. Es algo simple, es una sorpresa, después me lo agradecerás, tu veras como te va a gustar, ahora bájate un poco los pantalones, inclínate un poco para que puedan trabajar mas cómodos.

Bajé mis pantalones y bragas dejando totalmente expuesta la zona limítrofe entre mi espalda y mi ano, apoyé mis brazos en la mesa que tenia enfrente arqueando así un poco mi cuerpo de modo de facilitar el acceso a la zona por Carolina escogida. Una sensación incomoda, casi de miedo me invadió al sentir el contacto de las viriles manos del tatuador sobre las posterioridades de mi cuerpo, cerré por una fracción de segundos mis ojos. Al instante comenzó, mientras la punta del instrumento decoraba mi piel y el zumbido característico penetraba mis oidos, Carolina me miraba directamente, sus ojos mostraban el mismo brillo, disfrutaba mientras tallaban mi piel.

-Listo, ya esta, cómprale una pomada con vitamina A y D, y se la echas sobre la zona, que no lleve sol allí por un mes y lo tendrá perfecto para toda su vida. Dijo el Tatuador. Dirigiéndose a Carolina,

Traté de ver la zona en cuestión, pero mis contorsiones no alcanzaban al ángulo necesario para divisar el trabajo realizado.

-Tranquilo que te quedó bello, vamos súbete los pantalones, ¡Vamos a bailar!.

El baile era mas bien un ritual de seducción, Carolina se acercaba tanto a mi que podía sentir su respiración sobre mi rostro, giraba alrededor de mi cuerpo, sentía ahora su respiración en mi nuca, sus manos acariciaban mi cuerpo, subían por mi abdomen hasta llegar a mi pecho, rodeaban mis caderas, atravesaban traviesas por mis glúteos acariciando en su recorrido toda mi espalda, daba vueltas y mas vueltas en torno a mi, me miraba, sonreía, se reía, me acariciaba, me cautivaba. Estaba hechizado.

-Echate un poco para allá, dijo Carolina a Luis sentándose a su lado en el banco, cuando retornamos a la mesa. -Ven, aquí cabes. Me dijo. Quedamos los tres medio apretujados en el mismo banco.

-Ví que te estaban tatuando arriba hermanito, ¿Qué te pusistes? ¿Un Dragón? ¿O tal vez una rosa? , dijo riéndose de mi predicamento.

-Es una sorpresa, el ni siquiera lo sabe. Dijo Carolina mientras posaba su mano en mi muslo como invitándome a tomarla, su gesto me llenó de alegría, en ese momento me sentía absolutamente dichoso, ni siquiera los comentarios cargados de ironía de Sandra podían alterarme, tanto así disfrutaba la cercanía de Carolina.

Su mano comenzaba a sonsacar a la mía para recomenzar nuestro erótico y encubierto juego, la deje guiar mi mano, mientras mirada sus ojos, con la picara chispa que ya descifraba como una señal inequívoca de su excitación. En esta oportunidad mi mano, comandada por los deseos de Carolina se posó sobre una extremidad, tardé al menos dos o tres segundos para que mi mente interpretara que esa sensación sólo podía provenir de la verga erecta de Luis. Hice un intento por retirar mi mano, pero Carolina con firmeza la sujeto, obligándome a rodear con mis dedos el falo erguido.

Me miraba fijamente diciéndome –Sabes que debes agradecerme el regalito, criaturita.
Bajé mi mirada, no quería que mi hermana se enterara por ningún motivo que en este momento tenia en mis manos el miembro en erección de otro hombre, si ella o mi familia se enterara seguro seria un escándalo. Traté de disimular las situación

-Claro Carolina, te lo agradezco mucho. Mientras tanto, su mano sobre la mía, me impulsaba a comenzar un lento recorrido arriba y abajo del pene de Luis. Sabia que Luis me estaba observando mientras en secreto lo masturbaba, no me atreví a levantar la vista ni a mirarlo ni a el ni a Carolina.

-Entonces Luis, nunca me contestastes la pregunta, ¿Verdad que el hermanito de Sandra es bello?

-Feo no es, fue en esta oportunidad la respuesta de Luis, mientras sabia me contemplaba con sus penetrantes ojos.

-Oye hermanito, que popular has resultado ser, hubiese sabido y se los habría presentado antes, hasta celosa me haces poner. Dijo Sandra mientras reia.

Debajo de la mesa yo proseguía, siempre bajo la guía de Carolina la estimulación del ajeno falo, después de unos momentos pude sentir, como algunas gotas de semen goteaban de su punta, mientras tanto Carolina y Luis charlaban como si nada ocurriese.
La sensación de masturbar a otro hombre era una sensación extraña, no era similar al acariciarme mi mismo pene, no sólo se sentía mas grande, duro y templado, sino que incluso sentía una inequívoca percepción de estar tocando un objeto que no había tocado nunca en mi vida. Como si se tratara de una herramienta distinta a la mía, como sin en ella hubiese algo de lo que la mía carecía. La sentí endurecer mas y mas, sabia que el momento de la explosión estaba cerca. Unos segundos antes de la eyaculación Carolina retiró su mano, dejándome solo cuando Luis alcanzó el climax.

Carolina se acercó a mi, como queriendo susurrarme algo al oido, -Lo hicistes muy bien, criaturita, ahora chupa. Acercándome dos de sus dedos a mi boca e introduciéndomelos en la boca , sentí tanto el sabor del semen de Luis en ellos como el
Mordisco de Carolina en el pabellón de la oreja.

Al finalizar de chupar los dedos, levanté la mirada, buscaba a mi hermana, era obvio me había visto chupar los dedos. ¿Qué estaría pensando?, en ese instante tuve la certeza de que ella sabia todo lo que estaba pasando. La miré.

-“Hermanito, hermanito, tienes que aprender que importa mucho mas lo que tu sientas que lo que puedan pensar los demás”, recuerdas que te lo dije el otro día en la casa, no lo olvides, nadie es quien para juzgarte. Me digo mientras me hacia un guiño con sus ojos.

Carolina se acercó y me beso en los labios, este vez no fue una suave caricia, su lengua invadió mi boca, se paseó por ella con total descaro, como queriendo tomar posesión de mi interior.

-Escucha a tu hermana, verás que nos va “super”. ¡Déjate de tantos complejos y relájate!

-Chicas, chicas ya esto se puso demasiado romántico para mi gusto, como que llegó el momento de irnos dijo Luis.

Al Llegar a la casa de Carolina, nos dijo, bajense, esta noche duermen aquí, ya es muy tarde para que Luis los lleve.

-¿Me quedo yo también?, preguntó Luis.

-¡Estas loco!, mañana llega mi madre y si ve a un hombre durmiendo en la casa me mata.

Al oir esta ultima aseveración de Carolina me sentí confundido, ¿Yo si iba a dormir en su casa y Luis no?. Yo era tan hombre como Luis ¿O no?, debe ser que como yo soy el hermano de Sandra no se ve tan mal reflexione, quizás era una excusa de Carolina para deshacerse de Luis, ya no sabia ni que pensar, esa noche en mi interior tenia una especie de coctel emocional. En todo caso me sentí feliz y algo aliviado de no tener que compartir el resto de la noche con Luis.

En su habitación Carolina encendió un porro, fuimos pasándonos la colilla mientras bromeabamos, estaba ya mucho mas distendido, mas relajado, me reía de cuanta tontería decían las chicas. Era ya tardísimo cuando Carolina nos dijo, ya es hora de dormir, mañana llega mi madre, y debemos pararnos temprano.

-¡El tatuaje!, ¡muéstrame el tatuaje hermanito!

-Date la vuelta , cariño para que tu hermana vea el tatuaje, quítate los pantalones, no vas a dormir con ellos.

-¡OHH! Dios mío, Carolina. ¿Cómo se te ocurrio?

-¿No vas a decir no se le ve divino?

-¿¡Que es!? ¿¡Que es!?, dije con impaciencia

-Míralo tu mismo, me dijo Carolina llevándome hacia el gran espejo adosado a la pared.

Allí en la zona que acababa mi espalda y comenzaban mis glúteos en esa especie de frontera erótica se veía nítidamente tatuado un símbolo, ♀ , el símbolo que identifica el género femenino.

******* Septima Parte*******
13/Sep/2008

Estaba exhausto, en mis 18 años de vida no había vivido momentos de tanta intensidad como los de aquel día. En este instante me sentía absolutamente incapaz para discernir entre lo adecuado o lo inadecuado de nada, sabia que había tocado que jamás antes estaba en mi horizonte traspasar. ¿Qué había al otro lado del umbral?, no lo sabía. ¿Me gustaría verlo?, ya las certezas en mis preferencias se habían vuelto difusas, mis certezas se diluyeron en el torbellino de acontecimientos que desencadenó ese huracán llamado Carolina. Estaba exactamente a la mitad de un puente que se derrumbaba sin tener idea de por cual de los dos extremos debía escapar.

-¿Cómo te sentiste en tu primera salida en pantaleticas? Dijo Carolina mientras me jalaba el borde de las bragas que asomaban por la parte posterior de mis ajustados jeans. Se me hizo evidente que ella encontraba un perverso placer al poner mi debilidad de manifiesto. ¿Mi primera salida había dicho? ¿Era eso un anuncio de los que vendría?.

-Vamos a fumarnos uno antes de dormir, dijo volviéndose hacia la peinadora para encender el porro, mientras lo encendía de espaldas a mi y a mi hermana preguntó:

-¿Verdad que Luís esta buenísimo?

La pregunta me cayó como esos goles de minuto noventa en contra. No sabia como reaccionar, ¿A quién iba dirigida la pregunta?, ¿A mi hermana?, ¿A mi?. La ambigüedad de la situación me impedía tener un marco de seguridad en lo que debía, o no, hacer y decir.

-Toma dijo Carolina a Sandra pasándole el “cacho”, vamos a ponernos cómodas. Tu puedes quitarte esos pantalones, tendré que buscarte otros pantaloncillos para que duermas, los del otro día los dejaste sucios, me dijo.

Al momento estaba poniéndome unos shortcitos de satén amarillos con una hilera de afeminados botoncitos a cada lado, los cuales formaban parte de un pijama de Carolina. Al subir la mirada observé que Sandra y Carolina estaban tendidas en la cama besándose. Mi vista se apartó para posarse sobre la foto de la cómoda en donde estaban ambas, muy juntas sonriendo.

-¡Huy! Criaturita, no estés celosa, Entre nosotras no debe haber barreras, ¿Verdad Sandra?, no me gustan los celos, anda ven aca.

Las chicas se pararon rodeándome, Carolina por detrás de mi comenzó a acariciar mis nalgas.

-¡Sandra!, dijo Carolina, mi hermana se acercó a mi colocándome el pitillo en mi boca, aspiré profundamente, como queriendo que el humo que entraba a mi cuerpo incinerará mis angustias, expiré poco a poco como liberando lentamente mis temores, al desvanecerse el humo sentí la sorpresiva intrusión de la lengua de mi hermana en mi boca, su penetración saturó mis sentidos con su incestuosa profanación. Otra barrera quedaba hecha trizas.

Sentí el mordisco de Carolina en mi oreja.

-Quédate tranquilito, ya eres parte del clan, relájate, disfruta, ya no debe haber ningun prejuicio entre nosotros. Las manos de Carolina acariciaban mi pene, comencé a ser lentamente ordeñado por sus manos enfundadas en la tela de satén.

-Ya no tienes nada de que avergonzarte, a partir de hoy debes abandonarte al disfrute, veras como te llevaremos al cielo, me susurraba Carolina al oído. Mi hermana muy suavemente mordisqueaba la punta de mis tetillas. Estaba totalmente atrapado entre las chicas. La otra mano de Carolina empezó su intrusión entre mis glúteos, y uno de sus ensalivados dedos comenzó su danza dentro de mi ano, suavemente, lentamente, exactamente al mismo ritmo con el cual mi pene era masturbado.

-¿Te gusta estar así entre chicas? ¿Verdad?. ¡Dilo!, me requirió Carolina.

-¡Si!, Si me gusta, respondí dejando abatidas todas mis resistencias.

-¿Lo ves?, te dije que a tu hermanito le gustaría, sólo es asunto de irlo llevando, de derrumbar sus prejuicios.

-¡Ahh!, gemí al sentir súbita la intrusión de un segundo dedo en mi esfínter, sus dedos jugueteaban mas y mas en mi interior, el ritmo se incrementaba, su mano no paraba de masturbar mi polla. Mi hermana pellizcaba las rosetas de mi pecho mientras Carolina mordisqueaba la parte superior de mi espalda. Sentía mi pene a punto de explotar.

-Venga, bello, queremos que sueltes toda la lechita que te queda.

La esperada erupción fue recogida por la mano de Carolina, que sin esperar que la sensación de éxtasis se desvaneciera, me la dio a lamer, su manos se restregaban sobre mi rostro, sus dedos bañados de semen penetraban mi boca.

-Eres una “tragona”, con Luís te comportaste como toda una putica.

Enrojecí al oír el comentario, la risita de Sandra hizo mas humillante el trance, sin embargo entendí que el tiempo para una rebelión al trato que Carolina me daba había pasado, el puente estaba roto y ya no tenía mucha elección, no había espacio para desandar el camino, ya estaba demasiado expuesto a los ojos de las dos chicas.

Mi cara y mi boca estaban llenas de semen, Carolina contemplándome, dijo

-Estas vuelto un asco, ven que te voy a enseñar a limpiarte la cara, además no puedes acostarte nunca con resto de maquillaje. Mojó mi cara en agua tibia y comenzó a masajear mi cutis con sus manos impregnadas es un suave jabón liquido.

-Tienes que cuidar ese bello rostro, es uno de tus “ganchos” Con un algodón humedecido en loción desmaquillante removió con cuidado la mascara de mis pestañas, finalizó aplicándome una crema humectante por toda mi faz.

Mientras Carolina se afanaba en la rutina de cuidado de mi piel, no puede evitar pensar en el fascinante contraste de su actitud, a ratos hiriente, cortante, humillante; en ocasiones salvajemente excitante; y en otros, como ahora, tiernamente cariñosa. Era una gema de múltiples cantos y encantos.

-Hasta el pantaloncillo lo manchaste con tu esperma, y ya no tengo otro, no te va a quedar otro remedio que usar una dormilona, pasándome un camisón igual al de ella y Sandra. Era también de satén amarillo, la parte superior era de delgadas tiritas, y un delicado lazo situado en el centro del pecho, escasamente me cubría un poco por debajo de mis glúteos.
En una esquina del cuarto vi como estaba tirada la ropa con la cual había llegado hoy a la casa de Carolina. De la gabardina al satén de la mano de estas dos diablas que me ofrecían un cielo.

Esa noche nos quedamos los tres en su cama, en el momento en el cual abracé a Carolina, justo antes de quedarme dormido, una sensación de dicha y calma me invadió. Estaba feliz.

-¡Muchachas levántense!, la voz me despertó de golpe, entreabrí mis ojos para ver a la mama de Corolina descorriendo las cortinas de la ventana para que la luz invadiera el cuarto, obviamente había pensado que en la cama se encontraban tres chicas. Giré hacia el lado opuesto tratando de que mi rostro no fuese fácil de divisar.

-Las espero abajo para que desayunemos. Dijo saliendo de la habitación.

******* Octava Parte*******
22/Sep/2008

-¿Tu madre me habrá visto?, ¿Qué hacemos ahora? Pregunté a Carolina con evidente angustia. Trataba de encontrar una salida a la situación, no podía pensar en simplemente escapar, era claro que había visto tres personas en la cama, no sabia que hacer - ¿Si me visto de chica tu crees que tu madre se de cuenta?

-No seas tonto, claro que se dará cuenta que no eres una chica, que te veas algo femenino no significa que puedas pasar por una muchacha de buenas a primeras, para algo así se requiere tiempo para poder feminizarte mas. Mi madre no es ninguna tonta, si no tienes un aspecto totalmente femenino sospechará y acabará por descubrirnos.

-¿Entonces que hacemos?

No seria aceptable que Carolina hubiese pasado toda la noche en la cama con un chico habiéndose quedado sola en la casa, era un hecho que ninguna madre aceptaría de buenas a primeras.

-La única alternativa que tenemos es que te vea como un chico absolutamente inofensivo, tienes que verte y comportarte absolutamente afeminado, de modo que sea evidente que eres incapaz de funcionar como un macho. Esa es la única solución, venga a vestirnos, tu ya lo sabes, tienes que mariquearte lo mas que puedas, no vayas a meternos en un problema a todos.

Me puse de nuevo los ajustados jeans negros a la cadera de la noche anterior, una camiseta T shirt de cotton lycra negra con ribetes rosa que acentuaba la delgadez y fragilidad de mi cuerpo y zapatillas de goma bajas también de color negro que asemejaban las de una bailarina.

Rápidamente Carolina acentuó mi afeminada imagen con un toque de máscara en mis pestañas y brillo labial de color neutro, lo suficiente como para que no me viese excesivamente maquillado para esa hora de la mañana, pero que se notase la presencia en el rostro de los cosméticos.

-Ya lo sabes a partir de ahora eres una “maricona”, así que compórtate como tal, al menor indicio mi madre puede sospechar.

Tenía miedo ¿Qué iría a decir la madre de Carolina? ¿Armaría un escándalo?, después de todo yo había pasado toda la noche en su casa en la cama con su hija. ¿Se lo diría a mis padres? Esta última posibilidad de veras me aterraba. Nunca me había sentido como una marica, sin embargo la estrategia de Carolina parecía ser la única posible. Baje las escaleras presa de un gran temor

-¡Ah!, Pero si es un chico, fue la primera exclamación de la madre de Carolina

-Mama, parece un chico pero en realidad es casi tan mujer como nosotras, fue la rápida respuesta de Carolina

-Ya veo, dijo escrutándome de arriba abajo con la mirada, no te preocupes en el teatro hay muchos como “ella”.

Me ruboricé al oír la expresión de la señora refiriéndose a mi en femenino, pero paralelamente sentí una sensación de alivio al ver que la idea de Carolina funcionaba por el momento.

-Desde pequeño siempre se comportó como una niñita, expresó mi hermana, dirigiéndome una mirada de picardía.

-Bueno, bueno, siéntense a desayunar chicas, Aquí tienen cereal, yogurt, frutas y café. ¿Te molesta me dirija a ti como una chica?, me preguntó directamente, como poniéndome a prueba.

-No señora, no se preocupe, últimamente esa confusión se va haciendo algo común, ya estoy acostumbrándome. Le respondí tratando de sonar lo mas amanerado posible.

-Me caen ustedes como anillo al dedo, esta noche invité a un productor amigo mió, estoy tratando de obtener un papel en su obra y me pueden ayudar con la lectura dramatizada que quiero hacer. Claro para ello deberían ensayar un poco, Carolina mi amor, en el estudio está el guión ¿Puedes ocuparte de ello? ¡Ah!, ocúpate también de tener lista la cena, debo salir en la tarde y llego en la noche con el productor.

Las ametrallantes palabras de Cristina, la madre de Carolina, dibujaron el panorama de lo que seria el discurrir de nuestro día, haciendo hicieron trizas mis esperanzas de una rápida huida. Me resigne a tener que realizar el papel que se me había asignado durante el día y el que se me asignaría para la representación de la noche.

-Hasta ahora lo haz hecho perfecto, sigue así y nos ira bien. Me dijo Carolina cuando quedamos los tres solos.

Mientras las muchachas recogían los trastes sucios del desayuno, yo los fregaba, al terminar Carolina buscó el texto de los parlamentos que deberíamos aprender para la noche.

-Yo me lo leeré y asignaré los papeles. Asumiendo una vez mas su inocultable liderazgo sobre mi y mi hermana.

-¡Es perfecto!, además sólo hay tres personajes, todas mujeres, nos vendrá perfecto para convencer aún mas a mi madre. Tu harás uno de ellos, tu hermana el otro y yo ensayaré el papel que le tocará a mi mama.

Buena parte de la tarde de esa parte la dedicamos a practicar las líneas que debíamos aprender, al comienzo me cohibí un poco, dadas las características del personaje que me tocaba interpretar, al final me resultó muy divertido, nos reímos y disfrutamos mucho con todas nuestras equivocaciones e intentos de dramatización, después de algunas horas terminamos haciéndolo bastante aceptable, la mama de Carolina no tendría mucho que reprocharnos.

Al caer el sol Carolina recordó que debíamos preparar la cena, yo me encargué de sacar la piel de algunas verduras que utilizaríamos en una sopa mientras las chicas a mis espaldas elaboraban el guiso. Estaba concentrado con mi labor con el cuchillo cuando sentí unas manos que acariciaban mis glúteos.

-Hasta ahora has sido una “niña” buena, sigue así, mariquísima, y nos ira divinamente, me fascina verte tan obediente. Era Carolina que como siempre dio por terminada su frase con un leve mordisco en mi oreja.

Hora y media mas tarde estaba la cena lista, nos quedaba el tiempo justo para vestirnos antes de la llegada de la señora con su productor.

Una vez mas la incertidumbre del vestuario, lo que hasta ahora no había sido para mi mas que una sencilla protección contra el ambiente, cobraba significación, cada vez se me hacia mas claro que si bien no somos exactamente lo que vestimos, vestimos como pretendemos ser. Los otros y nosotros reaccionamos al estimulo visual de la apariencia, envolvemos a las personas en el invisible celofán de nuestras percepciones, y el llamado de la moda que portamos crea la situación en donde actuamos.

Ya la decisión de cómo vestir no me pertenecía, era Carolina que dictaba la pauta que yo debía seguir. Era una cena informal, pero con gran importancia para su madre.

-¿Qué te pondremos? ¿Criaturita que te pondremos? Se preguntó a si misma.

Lo primero que me dio fueron unas bragas negra de encaje.

-Mucho cuidado con ellas no me las vayas a estropear son de mis favoritas. Un pantalón ¿Qué pantalón puede ser? No puede ser un jeans, es demasiado informal, a ver, ponte este.

Me dió un pantalón negro de vestir, a diferencia de los jeans, el talle era alto, mas alto que en los pantalones usuales de chico, la cinturilla era ancha, asemejando una especie de fajín la cual se abrochaba en la parte delantera con tres botones. Era un pantalón muy femenino que entallaba y afinaba mi cintura.

-Date la vuelta, a ver como te queda, Sandra mi amor, mira el “pompis” que se le ve a tu hermanito con este pantalón, ¿No se le ve bellísimo?

-Es la marca de familia, todas las “mujeres” de la familia lo tenemos así, formadito y paradito, dijo mi hermana entre risas.

Sacó del armario una blusa de seda con un estampado de flores con tonalidades rojas, naranjas y amarillas. Sus mangas eran amplias recogiéndose en unos ajustados puños.

-Esta te combinará perfecta.

Era la primera vez que vestía una blusa de chica, una de las cosas que me extraño es que la abotonadura de la misma era inversa a las que acostumbraba a vestir, nunca me había percatado de este detalle, lo cual hacia que mis manos lucieran algo torpes al abotonarlos.

-Sandra, ve removiéndole el barniz violeta de las uñas de tu hermano, ponle un rosadito suave, neutro que casi no se le vea, ¿Qué zapatos te podrás poner? No pueden ser deportivos, y no creo que en tacones puedas estar, para comenzar no podrías caminar en ellos, habría que “enseñarte”. Dijo soltando una carcajada.

A la final me pasó unos zapatos de charol, de tacón bajo, hubiesen sido bastante discretos si no puede por un broche dorado que tenían a sus costados, lo que hacia imposible dejar de mirarlos.

-Listo, te ves “divinísima”, todo el que te vea pensará que eres un chico “finísimo”. Siéntate, te retocaré el maquillaje.

Esta vez a la mascara de pestañas y el brillo labial, ligeramente mas rosa que el de la mañana, se unió algo de sombras en mis ojos, de un tono solo un poco mas oscuro que mi piel, de forma de lograr que sin notarse demasiado lograra resaltar mi mirada.

-Justo a tiempo. Dijo Carolina al oír el coche de su madre desplazarse por la vereda de entrada.

Al abrirse la puerta entró la señora Cristina, acompañada de un hombre de unos 40 años, alto, delgado, de impecable aspecto, por su apariencia era obvio que cultivaba tanto su aspecto como su forma física.

-Hola Chicas, este es Guillermo Montilla, es el que será mi futuro productor. ¿No es verdad Guillermo?

-Je, je, je. Rió el hombre. Cristina, Cristinita, no vas como muy rápido, eso debemos discutirlo hoy.

-Esta es mi hija Carolina y su amiga Sandra con su hermano. Nos presentó la señora.

-Pero si este es un “pimpollo”

Tuve que hacer un esfuerzo para contenerme, baje mi rostro, pensé el lío en que me vería si la madre de Carolina sospechara que era algo distinto a una maricona, pensé en Carolina, me gustaba demasiado, no podía fallarle.

-¿No es una divinidad?, dijo riendo la señora Cristina. Vamos pasando al comedor. Chicas vayan a servir la cena.

Me dirigí con las muchachas a la cocina a buscar las bandejas con la comida, antes de sentarnos a la mesa servimos en los platos de la señora Cristina y su invitado sus porciones.

-¿Esta bien así de sopa señor?, pregunté al momento de servirle.

-Muy bien lo haces, muy bien. Me respondió.

Durante la cena trataba de pasar desapercibido, callado, con mi vista baja. En dos o tres oportunidades me percaté de las miradas escrutadoras tanto de la madre de Carolina como de su productor, supongo era inevitable dada mi peculiar apariencia. Del otro lado de la mesa Carolina me enviaba miradas y sonrisas de aprobación.

La cena se prolongó por un tiempo, la conversación giraba en torno a la carrera profesional de la señora Cristina.

-Guillermo, ya no estoy para hacer papeles de damisela, creo que el papel en tu obra puede abrirme la puerta a la transición para otro tipo de papeles, mas maduros, con mas fuerza.

-No lo sé, Cristina, aun eres una mujer joven, te ves divinamente. No es que dude de tu fuerza expresiva, ¿Estás segura que quieres hacer ese tipo de papel?

-Por supuesto, hemos preparado una lectura dramatizada, quiero que la veas Guillermo, si no te gusta no se hable mas del asunto. Chicas vayan a prepararse.

-¿Prepararse?, ¿Qué significaba prepararse? Pensé. Hasta el momento había creído se trataba sólo de recitar el parlamento.

Salimos a la habitación contigua, Carolina, quien obviamente lo había preparado todo, nos dio a mi hermana y a mi idéntico atuendo, blusa blanca manga corta y una falda corta negra de tablas.

-Pónganse esto. ¡Tu no empieces con tus miedos!

La cortante frase de Carolina no dejaba lugar a réplica, sin chistar vestí por primera vez en mi vida una falda y de dispuse a entrar en el salón en donde haríamos la representación.

Comenzó la función.

Al rato estaba yo declamando frente a la señora Cristina y mi hermana

…La señora nos ha vestido como unas princesas, la señora ha cuidado a Clara o a Solange, puesto que la señora nos confundía siempre; la señora nos envolvía en su bondad. La señora nos permitía vivir juntas a mi hermana y a mí. Nos daba las chucherías que ya no le servían. Tolera que el domingo vayamos a misa y nos coloquemos en un reclinatorio cerca del suyo…
(Fragmento de la obra Las Criadas de Jean Genet)


Al terminar la algo improvisada “representación”, la señora nos felicitó a mi hermana y a mí. Besándonos en ambos cachetes nos dijo:

–Lo hicieron excelente para no haber actuado nunca. Carolina te felicito hiciste un excelente trabajo con este par, ahora recojan la mesa mientras yo converso con Guillermo.

Comencé a fregar los trastes, mientras las chicas entraban y salían de la cocina trayéndome la loza y los cubiertos utilizados, de pronto sentí por debajo de mi falda unas manos que acariciaban mis glúteos. - Es Carolina de nuevo, pensé por una fracción de segundos antes que mis sentidos se percatasen que tanto la textura de la piel como la fuerza con que lo hacían no eran similar a sus caricias.

Me volví bruscamente para encontrarme cara a cara con el señor Guillermo.

-Lo hiciste divinamente bien, me dejaste impactado, me dijo.

-Pero señor que hace. Respondí apartándome rápidamente del fregador y dirigiéndome a la otra esquina de la cocina

-Ven acá, acércate.

-No señor, creo que usted se equivoca conmigo… a pesar de mi aspecto…

-¡El que estas equivocado eres tu! Ya lo veras. Dijo saliendo rápidamente de la cocina.

Me quedé perplejo, no sabia que hacer, el invitado de la señora Cristina había salido evidentemente molesto, ¿Qué debía hacer?, ¿Tendría decirle lo ocurrido a Carolina?
En el comedor se escucharon algunas voces, eso me aterrorizó más. Si fuese posible desaparecer de esa casa lo habría hecho.

Carolina entró a la cocina, estaba visiblemente molesta.

-¿Qué coño estas haciendo?, esta noche es demasiado importante para mi madre y para mi, no voy a dejar que un “maricón” como tu la arruine. ¿Quieres que le diga a tus padres que su “hijito” se dedica a masturbar pollas por debajo de la mesas en las discotecas? ¿O les digo como tragas semen?, Tal vez les muestro tu tatuaje ¿Eso te gustaría? ¿Qué crees que pasaría si hago eso? Vas a entrar al salón y vas a hacer exactamente lo que se te diga, así tranquilito, sin chistar ¿Estamos?.

-Si Carolina entendí, y la seguí hacia la puerta del salón.


******* Novena Parte*******
30/Sep/2008
Entré al salón siguiendo a Carolina, su madre estaba sentada en una poltrona, frente a ella se había dispuesto una pequeña mesa de unos cuarenta centímetros de alto.

-Pasa niña, que ahora te toca la segunda función. Me dijo la señora Cristina, a su lado el señor Guillermo exhibía una sonrisa de triunfo.

-Ven, apoya tus manos sobre la mesa, no te preocupes yo estaré contigo. Dijo Carolina, mientras se colocaba a un extremo de la mesa justo enfrente.

Mi cuerpo se arqueaba por la limitada altura de la mesa, para colocar mis manos sobre la tabla debía doblarme de tal forma que mis glúteos se encontraban en el tope de mi anatomía.

Carolina, ya con el brillo de la provocación en sus ojos, clavó su mirada en la mía.

-Se buena, y no dejes de mirarme por ninguna razón.

Sentí unas manos acariciar mis nalgas por encima de mi falda, esta vez no era una sensación desconocida para mi, sabia se trataba del señor Guillermo.

-Te das cuenta maricón que de nada valía oponer resistencia, tienes unas nalgas bellas, redonditas, formaditas, no iba a irme sin el placer de tomarlas. ¡Vamos súbete tu mismo la falda!
Con mis manos subí lentamente la faldita que cargaba, como ofreciéndole a un comensal el platillo que iba a degustar, mi culito quedo a la vista de todos, vestido sólo por las bragas de encaje que formaban un pequeño triangulo en la parte superior luego que el delgado hilo de la tanga emergía de mi raja.

Sin dejar de ver a Carolina, pensé que mi hermana estaba contemplando toda la humillante escena, me encontraba indefenso y sin otro camino que el de dejar que dispusieran de mi cuerpo.

-Toma Guillermo, échale un poco de lubricante, después de todo es una “niña” virgen y no queremos que sufra en exceso. Dijo la señora Cristina alcanzándole un tarro de vaselina.

Sentí como las manos del señor bajaron mis bragas hasta las rodillas, luego el deslizar de dos de sus dedos untados con la grasa dentro de mi recto, de forma súbita, fuerte, viril, nada parecido a las suaves caricias internas que me había dispensado anteriormente Carolina. Entendí por sus maneras que yo no estaba allí para sentir placer, sino para producírselo.

-Con lo que me gusta un culito virgen ¿De verdad pensabas que me iba a ir sin cogerte?

Al instante sentí la punta de su ya erecto pene en la puerta de mi orificio anal. El ariete estaba presto a reventar todas mis posibles resistencias.

-arrrrrggg

Al entrar la sensación inicial más que dolor resulto ardor, sentía como un cometa incandescente penetraba por mi culo, quemaba mis entrañas como un tizón al rojo vivo-

-Quieta, relájate, y te prometo lo disfrutarás. Susurró Carolina en mi oído. Mientras el señor Guillermo comenzaba el lento taladrar de mis entrañas.
Miraba a Carolina, ella extasiada contemplaba como era sometido y penetrado, el brillo de sus ojos era intenso, la sonrisa en su rostro denotaba su propio disfrute.
Poco a poco, a medida que mi culo, empalado por el erecto falo, se desgarraba mas, la ígnea sensación fue cediendo paso, aminorándose. Conforme se sentía una mayor holgura de cavidad se incrementaba el ritmo del bombeo, una y otra vez la verga se hundía hasta las profundidades de mis intestinos y salía victoriosa para volver a horadar mi ano.
-Así, así, mariquita, ya lo estas disfrutando exclamó jadeando el señor Guillermo.
Dos lagrimas se evadieron de mis ojos para rodar por mi rostro y caer sobre la mesa, las manos de Carolina tomaron posesión de mi pecho, sus uñas se enterraban en mis tetillas, y sus dedos las jalaban y estiraban.
-Lo vez putica, relájate y disfruta, me dijo Carolina, mientras una de sus manos comenzó a masturbar mi erecto pene.

A mi espalda el señor Guillermo abría, mas y mas, mis nalgas con sus manos, como queriendo ganar espacio para que su verga tocase lo mas profundo de mi cavidad.

-Vamos a llenar tu culo de leche, como si fueses una puta.

Sentí como su polla se enterró totalmente en mi cuerpo, como dotada de vida propia la sentí expulsar dentro de mi su semen, a medida que escupía dentro de mi culo su carga se templaba mas que antes. Arquee mi espalda aun mas, sentía que yo también reventaba de las ganas. Aflojé completamente los músculos de mi esfínter. Cuando sentí los dedos llenos de semen de Carolina penetrar una vez más mi boca, comprendí que todo estaba consumado.

Al sentir mi ano libre del falo que lo subyugaba, caí de rodillas frente a la mesa, mi rostro escondido entre mis manos. Lloraba, lloraba de impotencia, lloraba de humillación pero sobre todo lloraba porque lo había disfrutado intensamente.

-Tranquila mi amor, ya todo acabó. Me dijo Carolina, mientras acariciaba tiernamente mi pelo.

-Vamos al cuarto, te bañaré y veras como te sentirás bien. Abrazadas subimos escaleras arriba.

-¿Te duele mucho tu culito?, me preguntó cuando nos quedamos a solas. –pobrecita “mi niña”, ven que te ayudó a limpiarte.

Con un paño humedecido en agua tibia, cuidadosamente fue limpiando mis nalgas, en el paño iban quedando, junto a los residuos de semen que destilaba mi ano, pequeñas manchas ocasionadas por coágulos de sangre que daban cuenta del desgarre de mi obertura. Al terminar la limpieza, Carolina tomó una caja de tampones sanitarios, de los que utilizan las mujeres para contener los flujos menstruales.

-Tranquilito, que esto no te dolerá nada e impedirá que manchas las sabanas de sangre. Con mucha delicadeza insertó el tampón en el orificio de mi ano.

-Ya esta, puedes cerrar tus nalguitas, ¡huy! ¡Cómo has llorado hoy! Pero era algo por lo que debías pasar, Me dijo mientras acariciaba mi cabeza.

*****


Desperté, el sol iluminaba ya la habitación, a mi lado Carolina dormitaba aun, yo no tenia demasiada conciencia del momento exacto en el cual me había quedado dormido. Carolina entreabrió sus ojos y mirándome sonriendo -¡Ya te despertaste preciosura! Con sus brazos me atrajo hacia ella y besándome me dijo:

-Hoy nos espera un buen día, después de ayer me convencí que harás lo que sea por estar junto a mi ¡Eso me encanta!, verás lo mucho que nos divertiremos.

Desayunamos, enfundadas en las batas de seda estilo oriental que antes le había visto vestir a ella y a mi hermana.

-Menos mal que mi madre me dejó el carro, tenemos mucho que hacer hoy.

De nuevo me vestí con su ropa, short de blue jeans, blusa blanca manga corta de chica y las zapatillas.
-¿Cómo amaneciste hoy? ¿Aun te duele el culito? Me preguntó mientras me pasaba otro tampón, entendí que este debía reponer al que se alojó toda la noche en mi interior.

Salimos en el coche, Carolina manejaba y yo iba a su lado, la veía alegre, emocionada, llena de vida, me fascinaba verla así, estaba totalmente enamorado de ella. Luego de un recorrido de unos diez minutos llegamos a un centro de estética.

-Hola Luisa, este es el chico del que te platique.

-La verdad es que es muy bello, luego del tratamiento quedará espectacular, pasen por aquí. Dijo conduciéndonos a un cubículo con una camilla en el centro.

-Por favor desnúdate.

Ya a estas alturas había entendido perfectamente cual era mi posición en todo esto, ofrecer resistencia era absolutamente inútil, así implicase quedarme en bragas frente a una chica desconocida.

-Están bellas tus pantaleticas, me dijo mientras calentaba la cera con la que me depilaría todo el cuerpo.

-Afortunadamente no tienes mucho vello corporal, tal vez lo que te pueda doler un poco será cuando te haga la línea del bikini.

Yo yacía desnudo e la camilla siguiendo las instrucciones de la dependiente mientras Carolina nos observaba.

¡Chaz!, ¡Chaz!

-¡Auch! Exclamé, reprimiendo un grito de dolor, mire hacia mis genitales y observé que el único vestigio de mis vellos era un pequeño y delicado triangulo en la parte superior de mi pelvis.

-Date la vuelta y abre un poquito las piernas, que ahora vamos con el culito. ¿Qué es esto? Me preguntó al ver el cordel del tampón colgar del orificio de mi esfínter.

-Es que anoche … Comencé a decir.

-¡Ah! Pero si ya eres todo una “hembra”, y cuando salgas de aquí lo serás aun mas.

Al rato mi cuerpo estaba totalmente carente de vellos, la crema hidratante que me colocaban se deslizaba por mi piel como una sedosa capa que se fundía con mi epidermis.

-Acuéstate la cabeza atrás.

Con una pinza comenzó a darle forma a mis cejas, ahora mi rostro exhibía unos arqueados y delicados arcos de inequívoca apariencia femenina.

-¿Trajiste los aretes? Preguntó a Carolina. Esta le entregó tres pequeñas cajas.

-Primero los aretes, me dijo abriendo la primera de las cajas, y mostrándome unos delicados aros de plata con pequeñas incrustaciones de pedrería brillante, un momento después ya tenia ambas orejas perforadas con mis pendientes colocados.

Tomó la segunda de las cajas, de donde saco una especie de pendiente de plata con las mismas piedrecillas de los aretes, acércate me dijo, tomo una gran aguja, la empapo en anestésico y procedió a perforar mi ombligo, en el cual coloco el pendiente.

-Se te ve divino, algún día te haré danzar delante de mi como toda una odalisca, dijo riendo Carolina.

La tercera de las cajas contenía dos argollas de plata con una piedra circular brillante incrustada en su circunferencia. Estas fueron las más dolorosas, terminaron en mi pecho colgando de mis tetillas.

Pensaba que el trabajo sobre mi cuerpo estaba finalizado cuando ví que la dependiente sacó una jeringa y frascos con algunas soluciones.

-¡Que es eso? ¿Qué más me van a hacer?, en ese momento el pánico se apoderó de mi

-je, je, je. Rió Carolina, no seas tan miedosa “mi niña”, es sólo un poquito de colágeno que pondremos en tus labios, nada del otro mundo, sólo será un toquecito para que tu boca quede mas voluptuosa, por cierto esa boquita tiene aun que aprender muchas cosas, tienes que dejar el miedo, las mujeres nos sometemos a todas estas cosas con tal de vernos bellas.

Sentí algunos pinchazos en mis labios, la sustancia penetraba en ellos engrosando su volumen, la boca parecía como adormilada.

-Listo dijo la dependiente, abriendo la puerta del cubículo, afuera le arreglarán el cabello y las uñas.

Hola y media mas tarde al ver por primera vez en todo el día el reflejo de mi imagen en un espejo, tomé conciencia de lo radical de la transformación, Mi rostro absolutamente feminizado con la nueva apariencia de mis cejas y labios estaba enmarcado por un cabello cortado a la “GARÇON” con abundantes reflejos de color miel., dejando ver a ambos lados de mi cara los pendientes. Era sin duda un rostro del que emanaba una sensualidad desconocida para mi, nunca pensé podía yo portar ese magnetismo que ahora irradiaba.

-¿Sorprendida?, y eso que aun no tienes ni una gota de maquillaje, maquillada nadie podrá dudar que se trata del rostro de una mujer, la mujer que yo hice aparecer en ti. Me dijo Carolina. Estaba orgullosa de aquello que consideraba “su obra”.

-¡Dios mio! Pensé, tomando repentina conciencia de lo mucho que había cambiado mi aspecto y de lo lejos que había sido capaz de llegar ¿Cómo explicaría esto a mis padres? Dentro de sólo dos días ellos retornaría a casa. Era demasiado brusco el cambio para aquellos que no habían tenido la oportunidad de ver la muerte de la oruga.

-Carolina, hazme un favor, llévame a mi casa, debo arreglar un par de asuntos.

Cuando me bajé del coche enfrente de la puerta de mi casa Carolina me dijo:
-¿No se te olvida algo?, no me has dado las gracias.

- Gracias Carolina, le dije mientras me dirigí a la puerta.

Décima Parte.
Epilogo


Abrí la puerta de la casa, Sandra que estaba en la sala, no pudo reprimir un gesto de sorpresa cuando me vio.

-¡Hermanito! ¡Estas bellísima! Tienes el rostro distinto, ¿Qué te hiciste en tus labios? ¡Que bellas te dejaron las cejas! El maquillaje es perfecto, se ve supernatural.

-Gracias hermanita, dije con un tono de voz cargado de coquetería. -Carolina me llevó a un centro de estética, hicieron un gran trabajo.

-¿Qué le vas a decir a nuestros padres, llegan mañana en la noche y te van a encontrar convertida en una muñeca.

-A eso vine Sandra, a ver como hago. Le contesté. Eran demasiados cambios en sólo dos semanas, estaba seguro que no los comprenderían.

-¿Me prestas una dormilona para dormir?, le dije a mi hermana antes se subir a acostarme.

******

Papa, Mama,

Esta nota probablemente sea el último contacto que tendremos por algún tiempo.

He decidido darle un rumbo diferente a mi vida, un rumbo que me impediría ser un buen hijo a los ojos de Uds.

Me duele mucho tener que separarme de los dos, pero estoy segura que se esa forma será mejor para todos.

Los quiere muchísimo

Su hija


-Sandra ¡Esto fue la única nota que dejó? Preguntó la madre con angustia en su voz.

-Lo único mama, pero el ya venia desde hace algún tiempito actuando medio “rarito”, Uds. no se daban cuenta por que esta siempre muy ocupados en sus propios líos ¿No vistes mi bata de dormir sobre su cama? Anoche el “niño” durmió con ella.

-¿Qué hacemos ahora? ¿Habrá que llamar a la policía?

-La policía no hará nada, recuerda que el muchacho ya es mayor de edad. Respondió el padre sin salir aun de su estupor ante la noticia del drástico cambio de su hijo.
-Mama, recuerda que esta noche me invitaron a cenar en la casa de Carolina

-Si hija, ve, así al menos distraes la mente de esta angustia por lo de tu hermano.

-Tranquilízate mama, seguramente la “niña”, la esta pasando divinamente y tu aquí haciendo un dramón.

*****

Al otro lado de la puerta ya se escuchaban algunas voces, sabia que dentro de pocos momentos me llamarían.

Dirigí una mirada a las medias de nylon negro que cubrían mis depiladas piernas, nerviosamente trataba de colocar sus costuras milimétricamente alineadas, alisé mi minifalda negra, miré mis manos con sus uñas acrílicas de color rojo intenso, el mismo tono que cubría mis labios.

Quería lucir bella, perfecta, que no hubiese ni un mínimo detalle del cual avergonzarse.

Impaciente caminaba de un lado a otro de la estancia con mis nuevos tacones altos, repitiendo mentalmente lo que me habían enseñado, “pasos pequeños, un pie delante del otro, balanceando un poco las caderas, punta, tacón, punta, tacón,…”.

Del otro lado de la puerta soñó una campañilla, era la señal que debía entrar.

Alisé mi delantal, tomé la bandeja y entré. A un extremo de la mesa estaba sentada mi hermana, le dirigí una vista furtiva y bajé la mirada.

La voz de la señora Cristina, la cual encabezaba la mesa se escuchó:

-Sandra, ya conociste a nuestra nueva criada, se llama Rosa.




















17 comentarios:

lilith dijo...

espero q pronto sigas con tu relato... me agrada mucho


besos

LaDivinaDiva dijo...

Gracias Lilith por tu amable comentario, ya tengo casi lista la quinta parte del relato, creo que esta semana la publico aquí

Ape dijo...

Ah no Divinadiva, siempre estoy pendiente de tus actualizaciones y ahora me mandas para SL.
Protesto!!!

Un beso

LaDivinaDiva dijo...

Ya tienes el relato aquí
Espero lo disfrutes

Muchos abrazos y Besos

Paola dijo...

Hola Diva, hermoso el relatos, pero por favor publicamos mas seguido que me muero de ansiedad por saber como sigue. Beso, Pao

LaDivinaDiva dijo...

Gracias por tu comentario Paola,
Trato de poner al menos una entrega a la semana. Ya comence la escritura de la que colocare aqui el viernes.

No se que problema hubo en Todorelatos que no han publicado aun la 7ma entrega.
La he enviado tres veces alla

Anónimo dijo...

Excelente historia, me encanta la trama, una experiencia que sería buena experimentar.

Anónimo dijo...

Esta buenísimo... en verdad espero con mucha excitación y ganas la continuación.

Besos!

Paola dijo...

Diva, dijeste que la octava parte la publicabas el viernes y hoy es domingo, no nos haga sufrir tanto. Porfi. Besos. Paola

LaDivinaDiva dijo...

Hola Paola, la estoy escribiendo, pero es un poco mas larga de lo habitual, creo que para el lunes en la noche o martes la puedo publicar.

Gracias por andar pendiente

Paola dijo...

De nada Diva, lo que pasa es que soy un poco ansiosa, perdoname y mejor que sea mas larga, asi es mas interesante. Besos

Anónimo dijo...

saludos y muchos aplausos para ti diva, exito en tu relato es lo que te deseo, estaremos pendientes de las demas partes.

atte lltt.

Cecilia dijo...

Hermoso relato, me gustaría estar en el lugar de ese hermano para convertirme en Rosa. Espero que sigas con otros. Gracias

LaDivinaDiva dijo...

Gracias por tu amable comentario Cecilia, trate de contestarte en otro lado pero no puede acceder a tu perfil

vicsanfer dijo...

Hola me encantó el relato, es muy bueno y me ilusión sería poder hablar con la autora sería un gran honor

vicsanfer dijo...

Hola me encantó el relato, es muy bueno y me ilusión sería poder hablar con la autora sería un gran honor

Anónimo dijo...

Gran relato como me encanta Carolina y el poder que ejerce sobre el hermano de Sandra!!!

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